Abre la boca. El paladar está seco. Las papilas derraman ligeros respiros insuficientes. El recipiente rebosa de deseo húmedo, transparente. Sed. Inclinación del ansia, se mueve. Se acerca a los labios que la rosada lengua acaricia. El agua se desliza entre los recovecos de la cueva doblando las rendijas del marfil. Y ahora me trago mis mojados anhelos.
Si Greg. No es una metáfora. Me refiero al agua. Lo sentí mientras se deslizaba por mi garganta. Esos pequeños detalles son los que según Manuel Rivas pertenecen a la vida del poeta. Nadie más se fija en ellos. Besitos