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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Mis poemas.
 Silencio exultante. Estrellitas de sopas de letras. Colores, tamaños y formas durmiendo por aventuras. Entre ellos se agolpan unos con otros, acomodados cuerpos apelmazando palabras, significados y signos. Metáforas sobres sucintos sonetos, teatro, novelas y cuentos deseando una mano amiga que de paso a leer la rima. Exquisito silencio. Apabullantes historias rezumando tinta al lector deseando imaginación que abra camino al "cámara y acción".  El mismo día recorrió dos senderos el alegre vino por si sólo, después de todo lo sembrado, el triste lo buscó. Bajo la lluvia realizó la visita y ante ella lloró amargamente. Sujetó los extremos y los vilipendios de la felicidad. No supo las razones de su pena, pero secundó su malestar. ¿Sabes? Comprendo lo que te pasó. Encontraste la realidad y decidiste seguir el camino fácil. Te dejaste llevar, bañada en líquido y orgullo mientras yo, desesperada, no entendía nada. Yo la acepto...la realidad, aunque a veces se me antoja dura. Aprender a amarla supone la vereda difícil, pero no puedo permitir que tu desdicha pertenezca al olvido. De tu tristeza, mi alegría de tu abandono, mi energía... Este día te prometo levantarme con anhelos dentro de esa realidad terrible, y quiero que sepas: Tu sufrimiento me ayuda y me convence a ser mujer y no niña, a luchar y no hundirme a suspirar y no fallar a aquellos que de mí dependen. Y con mucho amor te envío mi calma y mi alegría y con un dulce de suave ternura un tierno y grande: ZORIONAK!!!
17 de noviembre  Sobre el agua dos entes reflejos una esquiva sombra y un espejo. El cristal, un pulido perfecto mientras la graciosa inventa un juego. La luz define la perfección colgando adornos y suave algodón, más tras ella proyecta sensación y movimiento, la sombra en acción. ¿Qué preferimos? ¿Qué queremos? La dicha, el cielo,...luego un pero... sería aburrido pasar el tiempo en suspiros de terciopelo. A veces rezuma un sol expectante mañana arribará un hielo cortante, esa es la vida que suena delante, sones amables de tiernos amantes.  Como el aceite caliente en la sartén Chisporroteando Como un plástico que, espachurrado Ofrece su son Así son las hojas que, acartonadas Se deslizan bajo las copas de los árboles Alfombrando las calles. Y ante las pisadas de quienes paseamos Destilan su crash-crash. Y yo, las persiguo por esquinas y aceras, Piso sus entes multicolores y Me piiiiiirro del gusto.  De punzantes espinas obnubilada cae al suelo reventando una estrella que minutos antes participaba de un cielo de nubes eternas. Abriéndose arisco erizo pululan mostrándose en la doliente cúpula una, dos o tres castañas caobas de dura y tierna acorazonada forma. Interior sedoso, interior velloso presenta al mundo su arrugado ente, dulce caramelo de color goloso cuando asado asoma su corazón caliente.  Se espera rimbombante rima o quizás exacta medida. Para unos es esa perfección, la que sublime, encandila a lector, que mida y rime. Perfecta candileja, encendida y curiosa de escuadra y cartabón caprichosa renueva con rebuscadas palabras metáforas en simbiosis colocadas. Más en burbujas señoriales destila conceptos, ideas y señales indefensa ternura, dulzura y ensoñación arrastrando remolinos melosos de pasión. Pasión arranca el laborioso poema en ocasiones, tal vez, no importe ni el tema pasión descarnada, tu aroma y el mío que abotarga y empalaga los sentidos.  Acaracolada melena. Noche esquiva, Se apoya en la arena rodeada de terrible soledad. De deseos repleto, una manta rugosa y pequeña, el cuerpo abraza. Saliste llorando, tu casa dejando envuelta de ilusiones la mente y hoy, cansado y agotado regresas sin rumbo, tristemente. De azabache tus ojos, levantas al cielo tus grandes manos gritando un derecho que arrastra un por qué. Y ocultas tus ilusiones en la esquiva noche.  Comenzaron a deslizarse como miel de azahar dejando que fluyeran con ronroneo y dulzura. Sangraron las manos ante las miradas de sorpresa redondeándose el instante profundo de su serenar. Ella sintió que le acunaba y que la promesa, en el olvido, transformaba su ente en azúcar acaramelando un suspiro. Y él aprendió, mientras ella le enseñaba los suyos rindiendo los miedos a un agujero profundo. Y aprende cada día, a emulsionar instantes apasionados dejando brotar sentimientos, ojos de lágrimas nublados. Aprende uno y aprende el otro él a llorar y ella a reir.  Encuentro prohibido entre el sol y la luna, avistamiento hiriente que a los ojos miente. ¿Acaso siquiera se tocan? Un pequeño roce entre sombras. Un anhelo tangible desesperado un eclipse, permite el hado.  La piel se doblega ante el hielo y en comunión helada somete una pirueta, un salto insiste resolviendo la cuestión el cuerpo. Me vences y no me vences opina con resuello la cuchilla yo me lanzo y aunque me tiras renuevo aires y alargo miras. Ante cientos de flashes, el aire dibuja plateados círculos, cortes, filigranas, envuelven la música sonora que canta, mientras tú danzas.  Lóbulos agrupados. Delicias entre espinas. Esferas carnosas anheladas. Morales rebosantes de drupas formando elipsoidales frutas. La boca ansía reventar en su paladar la mágica delicia de su agridulce sabor. Fruta morada, que penetra aterciopelando la lengua, y destiñendo con su color. He ido corriendo a cogerlas y.... toditas todas, me las como yo.  Algodón que la boca ablanda. Saliva húmeda que moja la esponjosa bola. Las manos se untan y asemejan a dos cuerpos juntos sudando que pegajosos suspiran y mesan encuentros de enamorados. Y dulce cual delirio palaciego, va reduciendo su ente rosado, entendido en la garganta, fin eterno durmiendo el caramelo aterciopelado.  Mostrando la luz se torna el mundo extraño, miradas esquivas y raras subyugan relámpagos blancos. A envolver los regalos del cielo se ha de obligar el cuerpo y luchar por hacerse un hueco en este cruel mundo nuestro. ¿Y qué quieres? ¿Y qué quiero? Destiño arcoiris en mis albores pintando sueños y encantos de flores más al afuera, ¿qué he de dar? Decido yo y mi libertad.  Bueno, me voy de vacaciones. Volveré, no lo dudéis. Recorrerán mis pies tierras gallegas. Subirán montes y empedradas calles rodeadas de amurallados muros pisarán. Pero lo que más deseo es sentarme en una silla, o en un banco o que más da, en el suelo, y que al compás de un ribeiro o un albariño me entren retortijones de comer tanto marisco. Besos para todos.  A cada zambombazo de color el humo se torna extraño lo que hace un instante era rojo colgaba luego dorado. Ahora una palmera y después graciosas guirnaldas brillan irisando la condensada noche. Comienzan a aparecer corazones, flores y por arte de magia, mariposas moviendo las alas destiñendo la amable oscuridad ante el fuego artificial. Se repite la imagen divertida ante el reflejo del oscuro agua, mariposas libando lindas flores. ¡Cómo destilan luz multicolor desgarrando el silencio atronando el rugido del tambor!  Cuesta aclimatarse a la realidad. A la de uno mismo y a la de los demás. Aceptar la propia y la del resto. Paladear y estudiar, encontrar y retomar. Colocarla delante, acariarla y... Se podría adornar, engañar y falsear, engalanándola de buenas palabras que atusan la mente. También hacer todo lo contrario, dejar de soñar con el aire y con flores, con suspiros y olores... Queriéndose y siendo, se halla el término medio, el que aúna esfuerzos, el que provoca nuevos sueños. Y entonces vuelve a manar el aire, a descansar el alma y remontar el vuelo, y sueñan mariposas, colorines. Respirando suave y renovando eternidades ese ánima encuentra un sitio, el de uno mismo.  ¡Qué esquiva durante el camino! Empeñada en no vislumbrar lo que no cesaba de alumbrar, resultó más viva que el mundo mismo. Escondites y recovecos recaló para no percibir el sentimiento del ente que luchaba por seguir negando la luz que su mente seguía enviando. Es un saber y no saber maldito que a veces, quisiera no querer intuir la intuición, la que corre y viene cuya carrera, una barrera debiera poner. Más no, porque ayuda más que hiere, alimenta el espíritu y renueva instantes. Y trae al alma amapola de fragilidad y fortaleza de tronco, árbol de vida. En ella un apoyo, compañera y guía es, intuición, tesoro de caracolas y mares que entre espuma de momentos intensos es alma, suspiro eterno y ante todo, ser.  Pasearse entre las copas de los árboles. Puede ser un sueño, más si se hace hace realidad no es un sueño, sino más. Es un deleite, un explorar un suspiro que se confunde ante un cerrar de ojos, un respirar olores, el paladear roces que, sin haber invocaciones, renuevan los sentidos.  Retumba el corazón, lo siento en el vientre. Me tumbo y respiro con suavidad llevando aire a la profundidad de la cueva que no cesa de moverse. Allí lo retengo, lo sujeto y con calma lo expulso del cuerpo mientras una nueva espera concentro de retomar suaves anhelos dentro. Y se introduce entre sangre y huesos redondeando contornos, moldeando mantas hasta que se despierta sereno, con el amanecer, crepúsculo de la mañana.  Abrazos. Inmaculados espacios de retorno de cariño. Eternos instantes de renovada ilusión. Batiburrillo de caricias y sinfín de sensaciones que agradecen la atención del donante. Sin pedirlos, recibirlos son como mejor saben. A mí me gusta darlos, ¿y a tí?  Tener la sensación de no querer escribir nada. De no apetecerme. Nada. Ni lo más mínimo. De redondear el folio y tirarlo a la papelera. Pienso que puede estar provocando la desgana. O las ganas de no escribir. En negativo: ¡Qué rabia ! En positivo: Revuelven la mente otros derroteros que no necesitan el albo papel.  Cada nacimiento significa una muerte en pe-que-ñas do-sis. Nace el niño y su respirar le provoca un inconsolable llanto de dolor. Tiene que llorar para comer y chapurrear para ser atendido. Y la separación hacia sus padres el inicio de su camino. Llegará la pubertad con una nueva muerte, la pérdida de un niño que quiere crecer, pero que a la vez desea seguir siendo niño. La búsqueda de uno mismo, la lucha por ser quien es y la dicha o desdicha del convencimiento de que el amor es un cuento de hadas, una ilusión y un mundo de ensueño. Y después vendrán otras muertes, otros duelos, luchas, encuentros, hasta que inexorable, llegue la última, la definitiva, y el polvo retorne a su sitio.  Me rasgué las entrañas Y metí un cielo dentro, Sin importarme el color, el estado Ni la sensación de posesión. Sentía nubes de tormenta, Rayos y un tronado tambor, El viento aireándose a cada ráfaga Y una irisada mezcla de lluvia y sol. Trayendo increíbles semillas Fue abandonado en la fértil tierra, Granitos, regando el húmedo agua Goteando racimos de ilusión. Y se encontró destellos solares Renovando la hierba y la dulce flor, La flor que trajo el azul cielo Aquella que de mi cuerpo salió.  Asemejando arcos perfectos, delineando deleidades revolotean revoltosas, chivitinas caprichosas. Entre planeo y aleteo, cruzan sonidos y movimientos chiquitinas golondrinas ante la torre de la iglesia.  El árbol está sólo. Plantado. Uniendo vida con existencia. Brotando de su ente ramas alborotadas de hojas se pregunta: ¿Qué hago aquí? El viento desdibuja su ropaje y le hace pelearse con el revoltijo de verdor. A sus pies, ella parece difrutar de la visión de su frondosidad, de la sombra que proyecta, de las ramas que bailan y vuelan a merced del reinante viento. Pero el árbol no lo entiende... ¿Qué mirará? se pregunta. Miro tu color, escucho el rumor de tus hojas ante el reinante viento, palpo la dureza de tu tronco por cuyo interior las autopistas de la vida trasladan vida a tus ramas.Me das cobijo, sombra, alegría, compañía.DAS VIDA COMPARTIENDO VIDA. Abrir por la mañana la ventana, dejando al aire fresco rozar la piel adormecida. Desayunar un vaso de leche fría, despertando la garganta dormida. Escuchar las risas de mis chicos mientras se hacen carantoñas. Divisar la alegría del sol abriendo las puertas al nuevo día. ¿Qué mayor aventura puede haber que la de vivir plenamente la vida?  ¿Sabrías hallar el absoluto silencio? Quizás ocultándolo en el fondo del subsuelo se callaría, pero seguro que la más ridícula nimiedad encuentra un recoveco y al final, habla.  Frágil y vigorosa fuerte y delicada como una flor. Pequeña Dulcinea de mis sueños que entre terciopelos agrandas el espirítu llenando de colores caricias y algodones. Niñas golosas de mis atenciones niñas traviesas que asomáis por los rincones arrebujadas entre verdores. Hoy estás tú, mañana otra como en la vida, como en la muerte. Mañana será otra mi desdicha, mañana, algun día mi muerte. Más si no llega, a vivir, a redondear con mi mano la tierna corola tetrapétala y a recibir tu encanto en el centro de mi alma.  Se forma el poema mientras respira el poeta. Unos anhelos devanando los sesos. ¿Qué esperas? ¿Acaso qué exprese sentimientos? El río desemboca tranquilo. El niño duerme. Las flores florecen entre hierbas altivas. Los coches circulan resoplando polución. Y vendrá la noche con su cara amable invitando a la profunda relajación. ¿Qué me quieres, poema? Hoy no quiero darte el gusto. Hoy la confusión reina arrogante. El pecho se asusta ante un sinfín de incongruencias. Los guardo, los escondo. Porque quieras o no, deseas mis sentimientos. Y esos, te guste o no, son míos.  ¿Y qué sucede el día en el que percatas de que toda la vida ha transcurrido en la creencia de un no sé qué cuya existencia se debe a un no sé cuanto????  Ató el día y lo sujetó intensamente, tanto, que terminó por reventarlo. ¿Por qué lo haría? Los estados de la mente cambian como las estaciones, como los años. ¿Quién era yo? Por lo menos sé que hoy, tengo frente al espejo a quien amo.  Son mis niños, los que durante años atesoran mis ilusiones los que en cada fiesta, en cada viaje busco y rebusco. De cristal, madera y coral barro, piedra y marfil ojos grandes y mirada esquiva buhitos y buhos los que busco y rebusco.  Hace poco visité la ciudad de Baiona. Ya la conocía, pero siempre que tengo ocasión que gusta mucho recorrer las calles de su parte vieja. Quiso la casualidad que en esta ocasión coincidiese con un mercado en el que pude apreciar la rica gastronomía de la zona degustando morcillas, paté, miel de flores... Pero lo que más llamó mi atención, en una calle junto a la catedral fue una pequeña o grande (no entré) librería. Como esas que salen en las películas, esas en las que me perdería horas. Lo que sucede es que no tengo ni idea de francés. Así que con asomarme y captar esta instantánea fue suficiente.  Bola verde entre ramas desnudas. Sugerentes caprichos invernales, llenaron la mente interrogantes. ¿Y cómo nacen?- me dije. ¿Y cómo crecen?- pregunté. Pájaros picoteando frutos blancos son taxi de pegajosas semillas que regalan a las ramas del árbol. Entre álamos, entre manzanos chupetean la corteza engarzando las raíces, cuyo máximo esfuerzo obliga a expandir al extraño muérdago. Y ahora, rodeado de verdes y exquisitas hojas confundible en un mar de vorágine no se ven apenas imperceptibles excepto para mi imaginación que se pasea entre su cuerpo.  Abre la boca. El paladar está seco. Las papilas derraman ligeros respiros insuficientes. El recipiente rebosa de deseo húmedo, transparente. Sed. Inclinación del ansia, se mueve. Se acerca a los labios que la rosada lengua acaricia. El agua se desliza entre los recovecos de la cueva doblando las rendijas del marfil. Y ahora me trago mis mojados anhelos. Reducir la movilidad. Retén. Cruce de caminos. Trinar de pájaros. Espacio logrado que regocija la mente. Calor. Lágrimas desbordadas. Sinceridad, dignidad. Orgullo, no. Positividad encontrada. Reconocimiento. Se abre otro sendero. Mi sendero.  Toca sonora la orquesta hilvanando el grupo de instrumentos la tuba, el violín, trompeta en crujir de ramas sonando en cantar de pájaros trinando hojas arriba, hojas abajo se acarician entrelazando sus entes aterciopelados en la exquisitez de su único amo, en la cumbre del esbelto árbol. Se oye el clarinete, la viola y se escucha el soberbio bajo y acontece el piano, en el tronco, ante el suave roce de mi mano.  Sobre la tierra mojada a la orilla del río espectro de luz recreando el arcoiris patos nadando sobre el agua mansa ante el que la vista descansa. Como un ansia respira el cuerpo y sucumben hormigas danzando dentro, entonces la boca come dulces fresas que en breve sustituirá por cerezas. Será escasa o mucha, hambrienta, extraña, aturdida y normal, sensible, confusa, inquieta, despierta. Despierta, eso sí, despierta está.  Bichos soñaban mis sueños bailaban inimaginables sueños. Ahora sueñan fantasiosas aventuras, más envueltas en flores, se funden en afán salsero imponiendo movimiento a una mente relajada. Lo mejor de todo, lo sublime es, que se han marchado los bichos.  Cuando descubres que puedes admirar a la persona que te dió el ser toda la vida da un giro inesperado.  Cómo si lo supiera, saltó una chispa. Una llamada de teléfono que me ha partido el día. Cómo si lo supiera, ya me extrañaba, sin duda, que todo estuviese tranquilo, que todo fuese de rosas. Lo que más me alegra, es que me has llamado, que has elegido a la que quiso estar a tu lado. Mi niña, te quiero, hablando tan lejos, tan cerca, me he sentido a tu lado. Mi niña, ahora que lo has decidido no voy a fallarte, voy a estar contigo. Siento que no nos entendimos, que cada una voló a mundos distintos, pero ahora que me pides ayuda, te lo juro, no voy a fallarte, me quedo contigo.  Arrastrando con los dedos caricias de fuego, de frágil furia que, en lo indecible, terminan por reventar crepitando. Suspiros candentes cuyos nuevos ecos envuelven, mientras la piel se retuerce entre sudores y ardores, instante eternos en los que el cuerpo se arquea, extenuada pasión sintiendo, para rendirse después a la evidencia del ralentí que persigue al sueño.  DÓnde siente la acústica REbota la suave conciencia al cerrar los ojos MIrándose internamente; FAltando un instante cuyo segundo SOLapa tu cálida esencia, siendo LA musa inquieta, aquella que SI siente el alma tranquila. SIN CONMIGO,NO ME MUEVO.A NINGUN SITIO. Ojos cerrados. Silencio. Un comienzo. Voces desplegando sus alas. Requiem. ¿Qué decir? Una palabra. SUBLIME.  Sonreí, al leer tu poema, ingredientes de minerales y agua. Ésta entraba en mi zurrón, aquella era cara. Más que importa si una u otra. Al final, la gravedad atrapa.  El invierno más intenso el más de lo más, disfrutado a tope de la nieve, del viento, de la lluvia, que ahora comienza a ceder el paso a una estación cuyas delicias comienzan a despuntar, entre margaritas, entre ciruelos japoneses que rebosarán de primavera en unos pocos días. Se marcha en breve, se acaba y retomará la luz, esplendor y plena vida.  Sobre la aterida marisma hielo flotante sobre amusgada plataforma. Crash, crash, parten las piedras arrojadas ante los juncos emergentes. Crash, crash, parten los pies, machacando los cristales congelados. Sobre la aterida marisma, el sol amanece el día.  Soñaba que, hecha una bolita, mi espalda rozaba tu pecho desnudo. Soñaba que tus brazos me envolvían mientras yo dormía. Soñaba que tu aliento acariciaba mi pelo. Y soñaba, soñaba, soñaba hasta que me desperté. Y tu pecho se apoya en mi espalda, y otras noches mi pecho sobre tí y otras, mi cabeza reposa sobre tu hombro mientras entrelazas mis piernas entre las tuyas, cuando antes.... Al cambiar por mí, he descubierto todo lo que me amas.  Sobre la arena pisadas albas reverberan sonidos de crujientes mañanas. Y entre saltos y risas descargan estrellas irrepetibles en cadenciosa caída su blanca presencia.  Lo miro pero sin pasear por su superficie no nutre sino adorna. Brillante sin grises no suspira sin el roce de unas manos; blanco y negro hundiéndose en sus entrañas envuelve anhelos cumplidos acoplando encuentros.  La esencia de lo impredecible, lo sublime de lo incorpóreo que acaricia la mente cuyo sueño de sueños descubro cada día. En la cumbre de lo eterno, yo, deseo vivirme.  Hoy he pasado junto a una frutería. Me he quedado mirando las verduras. Y lo que se me ha pasado por la cabeza... No podía, no podía. Si lo hago el tendero me echa los perros. Me gustaría tocar todas las verduras, las frutas; apreciar el tacto rugoso de las manzanas reinetas y el suave de las golden, sobar las naranjas, olerlas, meterme dentro de su color y bucear dentro de un mundo naranja, esconderme dentro de las hojas de la lechuga y jugar a que me encuentren los bichitos. Endulzarme con el sabor de los plátanos y comerme las pepitas de los calabacines, coger los tomates, abrirlos, echarles una pizca de sal y comérmelos también y meter los dedos entre los pimientos y acariciar su deliciosa textura, darle vueltas a los racimos de uvas y ponérmelos de sombrero. Pero nada, que el tendero... Así que como la mayoría de las veces que quiero pero no puedo, acaricio todos los árboles que encuentro, me siento en la hierba y dejo que el viento me roce la cara, y me lleva a donde yo quiero, a soñar y a relajarme. Genial.  Sobre la tarde naranja el sol se retira anuncia a la noche que se aproxima, los juncos acaramelados por el viento reflejan reflejos mecidos al viento. Y mis pies recorren la mirada de mis ojos y mis ojos la dulce venida del agua del agua que corre, del agua mansa del agua que se riza acaracolada. Vulnerable, pero no frágil transcurre mi vida, mi lucha porque hablo, porque me muestro y si lo utilizan para luego. ¡Qué le voy a hacer! Yo me expongo.  Partiendo del muro. Rompiendo barreras tus ramas de la tierra. Arrancas cemento y emerges del suelo. Fuerte, ya asoman yemas de tus dedos. No te acobardas. Duermes y reposas para brillar con más intensidad. Cuando llegue la primavera, volverán tus hojas a ser asediadas por el viento. Viento, vida. Barreras, impedimentos. Todo necesita su tranquilidad para despuntar y su sendero para recalar en descanso. Invierno, pero no en el corazón.  Carro de semillas nutriendo a la gratuita tierra, floreciendo colores. Cuna de olores que paseas dulces y amargas sensaciones de mugre y amapolas. Regazo de caricias cuyos deleites rozan la piel de escalofríos y ternura alucinante, dulce, violento y esquivo viento. buho A los pies de una mesa o junto al mar. Escaleras convergentes cuyas huellas pasean sentimientos. Ser es fácil, pero que sean... Ahí estima el quid de la cuestión. Arrinconar la vergüenza y abrir el corazón. Dejar que vean quien eres, dejar tus sueños volar. Me ofrecen amistad pero ¿quieren la mía? buho Olas surcando sobre el mar no eran olas sino pájaros, no era mar sino cielo azul bajo el que ruidosas bandadas volaban revoltosas piaban azarosas ante las pupilas curiosas. Piaban ellos o piaba yo, esperando deseosa el motivo exquisito para explayar mis ojos. En papel, tinta y pensamientos asidos a mis manos vuelan alto y escribo hoy un poema, a los pájaros. buho A carcajadas, con los ojos llenos de lágrimas, la mirada perdida en el infinito, pareciendo observar sin ver, ilusionándome, pensando y escudriñando en multitud de retorcidos laberintos. Me he reído y después llorado, desesperada sin saber que era lo que faltaba, sin darme cuenta, creyendo más en lo de fuera que en mi más preciada joya. Resumen de todo un año, ahora llega la hora, hacemos cuentas: De qué? Escucho el agua mientras respiro, y cierro los ojos dejando caer mi cuerpo que sé bien cuidado. Darme cuenta, de mis sentimientos, de mis emociones, de mis pensamientos, de quien soy, de porque siento. Mi resumen: El mejor, aunque también el más difícil, año de mi vida. buho Hoy tosías, y acurrucado en mi pecho me decías: Mami, quiero dormir. Al poco rato, tu suave respiración me acompañaba y entonces yo pensaba: A mí podré fallarme muchas, cientos de veces pero a tí, chiquillo, a tí, no. buho ¿Qué poema escribiría? Hoy ninguno. Porque miro la hoja en blanco y me parece enorme. Caben amores y sueños, sensaciones y emociones, una nube de imaginación que parece desbordarse en el albo papel. La hoja blanca, perfecta. buho Tarde mágica de bizcocho y dulce calentita. Entre mantas y acurrucos de flores de colores, de piano y de dibujos, en la mesa, delante, un tazón de chocolate. buho Entre árboles pequeños chiquillos cargados de sueños. Yo quiero ser espía, y yo, bombero. Corcheas y negras, volando entre las nubes de aviones de papel que alzando la vista se ven. Entre árboles, entre voces que se elevan encontrando una unión de alegría están ellos, luchando, sintiendo. Soñando sueños viviendo, exprimiendo el jugo que la vida les ofrece miran tras el cristal del fondo del estanque que, al final, se abrirá a la luz. buho Otoño gélido. Hojas voladoras. Viento que os empuja. Robadas al que os dió vida arrebatadas al suelo. Adoro el otoño, para mí es la estación más bonita del año. Disfruto de la gama de colores. Tengo amigas a las que les da frío. Imagino el papel de regalo lleno de hojas. Acacias, robles, ciruelos y entre ellos hay uno que se perfila increíble. Abriga con sus ocres y rojos, granates desnudando sus ramas de curiosas mariposas que se escapan. El más bonito de todos, liquidambar. buho Los jardines de Marqueyssac, junto con su pequeño palacio constituyen una de las joyas del entorno del río Dordoña. Durante hora y media se puede atravesar la espesura del bosque, al que bordean pequeños juegos de agua, setos redondeados dibujando caprichosas formas, caminos alfombrados por piedras en los que el olor a lavanda y romero embriaga. En uno de los senderos encontramos una pequeña casita subida en el tronco de un árbol y allí trepamos el niño y la ama. Como de cuento.  Dichosos tejados. No sé que tienen de especial para mí pero me fascinan. Tejados del pueblo de Rocamadour. Vertientes a dos y cuatro aguas, abujardados, "lauzes" en Francia, hechos con gruesas láminas de piedra que pesan casi toneladas, que terminan en aleros repletos de pequeños nidos de golondrinas que revolotean sin cesar a su alrededor. Tejados que dibujaba en cientos de hojas junto a puertas y ventanas cuando era niña. Tejados que después estudie cómo construir. Tejados, tejados y tejados que estaría horas mirando.  Sin duda uno de los momentos más especiales del viaje, fue la visita al santuario de Rocamadour. Sobre un escarpado precipicio, un palacio, residencia antiguamente de obispos y cardenales en sus visitas al lugar, el cual es centro de peregrinación del camino de Santiago. El santuario situado entre el palacio y el pueblo fue construido saliendo de la misma roca y las balconadas que lo dominan dan si cabe más esplendor a este monumental conjunto. En el interior de la iglesia de planta irregular debido a lo inusitado de la edificación, una capilla presenta la negra imagen de Ntra. Sra. de Notredame. Para mí, la capilla, las velas, la Virgen y todo el entorno, chin chin.  Gotas de cristal, gotas de rocío que permiten el amor de tu visión. Emoción tililante de rayos de sol que cargan de arcoiris tu cuerpo. Bolitas temblorosas, diamantes de luz dibujando contornos sobre el tierno maíz. Ante la niebla de la noche apareces hoy, de la niebla que se aleja te observo yo. buho Por fin, con mis gracias a Freewolf por sus consejos sobre como reducir las fotos a 20 k. Lo conseguí. En esta foto estoy sobre una terraza en el pequeño pueblo de Domme. El río que se ve es el Dordoña. Este pueblo es una de las bastidas mejor conservadas de Aquitania. Lo más bonito de todo es que han conseguido no sacarlo de sus antiguas murallas, así que la llegada fue la misma que hace siglos harían los caballeros con sus monturas sobre pesadas armaduras plateadas. Bajo piedras centenarias, atravesar pasos, antiguamente levadizos, que hoy en día han adecuado para que podamos circular en coche. Y en el interior, cárceles de antiguos templarios, iglesias, calles empedradas y deliciosas degustaciones de patés, quesos en plazas con aromas a deliciosa lavanda. Otra de las chorraditas que me traje. Ramitas de lavanda para aromar mi coche.  Tanto el castillo de Beynac como el de Castelnaud se encuentran sobre escarpadas rocas sobre el río Dordoña. Los pueblos se caracterizan por subidas de empinadas cuestas empedradas a las que hay que acceder desde el lecho del río. El castillo de Castenaud se caracteriza por su museo de armas de guerra: catapultas, ballestas, cañones y diferentes artilugios de combate se restan protagonismo entre ellos.  Bajo Beynac se extiende el río Dordoña, de gran caudal. Rodeando este río de aguas verdes y cristalinas infinidad de pequeños pueblos se reparten testigos de luchas cruentas. Pequeños barcos recorren sus orillas ofreciendo al viajero retazos de historias sobre las que soñan con, antaño, caballeros y reyertas. Esta zona estuvo durante muchos años en liza entre franceses e ingleses( la guerra de los cien años). Concretamente los terrenos de Beynac y Castenaud pasaron de unas manos a otras en cantidad de ocasiones, unas por guerras y otras por acuerdos entre reyes. Desde los dos castillos se aprecian unos terrenos magníficos, rodeados de verdes bosques y espléndidos campos.  Hasta ahora, mis viajes habían sido de dos tipos, culturales o playeros. En esta ocasión ha sido distinto y encantador. En una revista, una foto de un castillo fue la que nos decidió a realizar algo distinto. Nos animamos a sustituir el hotel por una casita, en una urbanización con piscina, sin imaginarnos lo que podíamos encontrar. Pues resultó que sacaba la mano por la ventana del cuarto de baño de la casita y cogía manzanas de un árbol, que los patos nos venían a pedir cachitos de pan mientras cenábamos en el porche, que encontramos bosques de álamos que se perdían de extensos que eran, nieblas frías que anunciaban esplendorosos días, campos verdes alrededor de hermosos castillos rodeados de pueblos mágicos. Y cómo no, me encontré con mis queridas coquelicots. En postales, en cerámicas, en cuadros se anunciaba que en mayo y junio la floración de las amapolas es espectacular. En esta zona de Francia, Aquitania, se vive del campo, se cuida, nueces, uvas, manzanas, maíz, bosques recubren todo lo que la vista observa. No sé si volveré en esas fechas del año, pero que volveré seguro. Todavía no tengo fotos preparadas, pero adelanto ésta bajada de la red. Es el castillo de Beynac.  Unas pupilas anodinas quisiera que sin confundirse supieran en una pared blanca reflejar sin démora, imágenes alejadas. Dónde están, encontrarlas sin saberlo existen, son en mi mente sin buscar se hallan como los cuernos del caracol. Esos paisajes, esos mundos admirados cual sueños multicolor de princesas y de cuentos, de amapolas y de uvas al sol. Ha sido mi viaje, un encanto, un primor, nueces, manzanas, patos, castillos, nubes, agua verde amansada, la cámara de fotos, mis ojos son. buho Es curioso como sin saberlo se aprenden cosas nuevas. En este viaje he encontrado sugerencias que pedían ser escritas y otras que de tan simples apabullaban por el encuentro que sugirían a mi ser. Este es el caso de una de ellas. En la entrada de uno de los castillos que visité, se hallaban gran cantidad de árboles con las ramas cargadas de frutos verdes y en apariencia carnosos. Pregunté qué árbol era y me respondieron que eran nogales. No lo podía creer, verdes asemejando pequeñas manzanas o peras. Cogí una y la estampé contra el suelo y después la aplasté con el pie. Se quebró su cuerpo mostrándome en el interior un fruto blanco al que le envolvía otro de color marrón, fino, apenas visible. Sobre esta capa, se hallaba la carne verde con la piel del mismo color que era la que se nos presentaba a los ojos. Me resultó muy gracioso, tanto que me traje a casa un par de ellos, verdes, verdes..Curiosidades de mi vida buho Me observas bajo la luz matinal delante, tus ojos, el espejo sin falsas verdades, tras el cristal percibes siempre como me siento. Te he ansiado durante tiempo registrando miles de caminos escudriñando entre mis recuerdos sosiego, sinceridad y mimos. No sabía donde te encontrabas ni donde te habías escondido más cerca de lo que yo pensaba mientras el remolino del río me ofrecía vueltas y vueltas caídas, trompicones y giros; nunca para que a irte no vuelvas, no te vas, no, te quedas conmigo. BUHO No tengo costumbre de dar limosna Te piden en las iglesias, en los semáforos, en la calle. Alargan su mano a la espera de unos céntimos. Se disputan el tramo mejor de las escaleras. Pasas a su lado sin apenas mirarlos. En la iglesia de La Antigua en Valladolid con la raya de los pantalones planchada, limpio, anciano, la cara afeitada no pude evitar darle una pequeña ayuda. BUHO Niebla corriendo a saltos de viento que a veces abotarga mi mente se retira serena y sin miedo dando paso a la luz suavemente. Suavidad que anhelo entre suspiros buscando la esa luz, deseada y plena, más pensado encontrado el camino siento que no completo mi esfera. Sentir, sintiendo y tan intenso que nublan las ideas el alma, aturdiendo a los sentimientos que fluyen del manantial al alba. Serenidad le pido a esa fuente y a mis pensamientos lenta calma a fin de guardar eternamente lo que me inquieta, lo que me amarga. BUHO Pequeña y linda mariposa ¡qué no te rocen las alas! la flor sobre la que reposas con sus pétalos te abraza y con eso, con eso, basta. BUHO
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