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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Poemario de poemas.
 Los años transforman el sentir en un complejo o simple ir y venir que cada día aúna un sinfín de momentos cuya esencia acontece la vida, Llenando de estrellas y luceros y en ocasiones de agujeros negros la historia de las páginas de un libro que se coloca en posición de ladrillos de la estructura que albergan los sueños, ornándolo de palabras, hoy dichosas y mañana quizá, tristes y odiosas aparecidas, que de sencillas, dan miedo. Y anaranjado sustento es el que, pieza por pieza, consigue que se eleve uno a uno, los regalos del cielo con los pies apoyados en el suelo.  En un pequeño recinto descansa el conde de Orgaz finado, y tras él, dibujó El Greco pintor sobrios colores de mantos dorados. Entre la tierra y el cielo encantado anheló el pincel, sueños de santos alados ante serios caballeros armados. Las manos sosteniendo un cuerpo en los aledaños de la ciudad, de un ánima que no sabía dónde debía trasladar al difunto conde. Lápida blanca de duro mármol jamás pensó semejante marco, vuela su esencia al etéreo azul, exquisito de estrellas toledano.  Se mueven los cuerpos. Y las ideas mudan mientras van durando. Más en el momento en que terminan se les agota el tiempo. Y las manecillas del cuco suprimen su andar. Suceden lentos y raudos vaivénes cuya esencia es la duración de la época en que vive una persona o tiene lugar una cosa. Sólo hay una edad que no tiene principio ni fin, la que carece de existencia o la que se observa eterna.  Lectura: "Lo importante es lo que hacemos, no lo que somos". Y otro reza: "No es lo que hacemos, sino lo que somos". Al final, razonas sobre lo que lees, sobre lo que escribe la mente y llegas a la conclusión de que no entiendes absolutamente nada. ¿Qué es lo que hace que un filósofo transgreda las normas y que el al lado lo haga también? Lo peor de todo es que nos lo tragamos. Y que nos hace de camino. No es la pregunta, ni la respuesta. Es la inconformidad de la nada o del todo. Cambian las modas y hoy se razona y se sigue lo que nos mandan. Si no lo haces eres un bicho raro. Al final, guardas un escondite que tienes que cuidar hasta el límite, para no contagiarse del interés general. Y así, tu yo se oculta para sólo salir cuando se lo permites. Escuchas, observas, hablas, pero... Colorines.
 La naranja caída en el suelo. Otra colgando en el cielo. ¿Cuál es más bella? ¿Esa, cuya simiente ha reventado contra el duro asfalto desparramando de pepitas y pulpa un revoltijo de sabores formado? ¿Quién se atrevería a asentir que tiene más candor la que se bambolea anaranjada contorneándose frente al sol? ¿Cuál? ¿Cuál de las dos? Al final viene la pregunta, la interrogante del millón: ¿cuál es la más hermosa? Porque eso no lo se ni yo. El agua que serpentea en el arroyo o la que refleja las nubes en un charco, la que corre al abrir el grifo o la que descarga tras sonar el rayo. ¿Acaso eres más que yo? ¿O quizá más que tú, soy yo?  Seguro de uno mismo, pensamos constantes. Y en ese momento, en una esquina aparece un fantasma que se instala en el alma. Entonces, la duda se planta entre los surcos de los sesos de intrincadas carreras compuestos en las que hoy se detiene, pero mañana volverá de nuevo. Con sonoras cadenas arrastran los cuerpos garrapatas inertes que acompañan al muerto. ¿De qué vivimos? De dudas, alegrías, penas y duelos.  En intensidad durmió la fuente esperando un despertar más humano, más en su desdicha encontró angeles desesperados. Se oculta la tierra, cuando ya no puede más, y en su alma oculta migas de barro y pan. Vivir intenso, con pasión se cuida ella con desazón, y cuando revienta su triste dolor destroza al mundo de un revolcón. Suena el humano, canta su son al ritmo de aires y deshonor, rasga ropajes, rompe estirpes rompe, rompe, rompe, su único yo.
 Trilla el alma. De llanto y ahogo, una mezcla. Tristeza. Acongojado suspiro mientras se cerraba la puerta. Una sonrisa se oculta al dar en la esquina, la vuelta. Envuelto en espíritu abatido, resuelve resignado un respiro. Trabajar por el presente y no por el pasado perdido. Quedó en un mundo inexacto de silencios y de olvidos de un no sé qué y un no sé cuántos de incomprensión y desatinos. Trabajar por el presente y no por el pasado perdido.  Un arma. Un arma de combate del vivir. El papel rebosante de sueños y la tinta presurosa por salir desbordan cálido acogimiento recibiendo gemas de rubí. Un arma eres, tú que brotas de la mente adornada en frase o en relato sin fín. Del soy, del yo, de un eterno siempre que se transforma en color al escribir. Del corazón, tenue escopeta y del alma, potente cañón mana constante un tierno poema arma divina a la que amo yo.  Isla amanecida de corolas emergiendo en la penumbra nocturna, torre de naranja iluminada de pétalos adyacentes rodeada. En lo alto, un encuentro de sueños y realidades supurando cálidos deseos tras golosas necesidades. Barbudo apasionante en fantasía de girasoles soñó tu alma y abrió la mente paseos blancos de caracoles. En tu imaginación quisiera yo danzar inquieta, danzaste tú viajé lejos, más cerca, niño para disfrutar de tu capricho.
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