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NOCHE DE REYES

NOCHE DE REYES Es de noche. El espigón está lleno de gente apelotonada mirando hacia la oscuridad del mar. Gente, personas de todas las edades, mayores y niños esperando la llegada de una ilusión desbordante de deseos, cargada de sueños...

A lo lejos se aprecia una luz que según va acercándose muestra el encanto de un pequeño velero transportando el anhelo de los que en tierra, nerviosos y excitados observan la visión añorada durante un año.

En el espigón los pajes vestidos a la usanza árabe encienden sus antorchas las cuales acompañarán a la comitiva por las bonitas calles del pueblo. Según se va acercando el velero, se lanzan cohetes que se unen a la curiosa luna y a las antorchas para dar resplandor a la hermosa noche que despejada, enseña sus estrellas a todos los presentes.

Los más pequeños, como en un cuento de hadas, mantienen sus ojos interrogantes, entusiasmados, con la boca abierta y sus pies intentan aprender ballet a toda prisa poniendo sus dedos lo más en punta que pueden, a fin de ver a los Reyes Magos los cuales están llenando de magia ese momento.

En el pueblo hay una pequeña casa con tres ventanas que dan a una de las calles principales y allí se colocan Melchor, Gaspar y Baltasar, uno en cada una; y hablan a los niños, les tiran caramelos y consiguen que todas las caritas que se vuelven hacia ellos expresen alegría y ensueño.

Y preguntan y se asustan ante la presencia de los sueños, que unas noches más atrás no eran más que eso, sueños, que creían no poder cumplir, que eran impensables y que ahora sin buscarlo, sin siquiera imaginarlo están ahí, tangibles.

Incluso los mayores nos permitimos soñar, imaginar que nuestra vida se va a llenar de estrellas y que al día siguiente vamos a hallar bajo el árbol de Navidad nuestros anhelos. Pero, ¿y si no es así? ¿Y si pasa el día de Reyes y no encontramos nada? Sí, un regalo que en realidad, no es más que eso, un regalo, un detalle, ¿un qué?....

Estamos tan cegados con todo lo material que creemos que es lo que nos llena de felicidad y no es así...

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Todo aquel que lea este relato que lo piense: ¿Qué regalo puede ser más hermoso que el que uno mismo se pueda dar? Buscad en el interior lo que a cada uno le hace falta y razonadlo, pero no se ha de recurrir a nadie porque nadie nos puede dar lo que ya tenemos; a algunos les hará falta algo y otros quizás necesitarán quitarlo, expulsarlo.

Halladlo y luchad por cambiar, porque en eso consiste la felicidad:
EN NO DARSE POR VENCIDO NUNCA.

BUHO
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