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LA CARRERA

LA CARRERA El río desciende contra corriente. Suave, va bajando por el canal que la mano del hombre ha impuesto para contener su caudal, en ocasiones impetuoso. La fuerza del Mar Cantábrico que penetra decidido por su desembocadura le obliga a retroceder mezclándose el dulce con la sal. Cientos de rocas con algas y pequeños moluscos pegados a su superficie dan al Urumea un aspecto delicioso. El puente Santa Catalina derrocha esplendor proyectando su imagen en las verdosas aguas que bajo él se escurren en ondulaciones irisadas.

Es un día lleno de reflejos, de espejos deslumbrantes. Los charcos que se forman en el suelo, las gotas sobre los coches, los salpicones en el río, los colores del viento azotando las ramas de los árboles, que asustados, dejan caer sus amarillentas hojas y los grupos de palomas sobrevolando la ciudad consiguen que el espectador se sienta apabullado ante tanta belleza.

Está lloviendo y el ambiente mojado se mezcla con el olor a sal marina y sudor humano. Es temprano, pero en la calle se observa gran actividad. Hay cientos de corredores que buscan su meta, su llegada.

En el suelo, como si hubiesen caído en tromba del cielo, montones de botellas vacías; azul intenso, apiladas, apelotonadas, pisadas por las personas que continúan su marcha. Sonidos de agua contra el suelo, de corredores peleándose contra el viento que azota y contra el cansancio que agota, sonidos de coches intentando pasar el cordón de seguridad, de aplausos a cada paso de los participantes.

Se detiene, está cansada, sus ojos buscan el sendero que todavía ha de pisar, el terreno que sus pies deben recorrer. Comienza a andar despacio, respirando profusamente con su frente perlada por el sudor. A su alrededor, sus compañeros la van sobrepasando, la dejan atrás. La gente que la mira la anima y abandonando su desazón al sentirse tan agotada, inicia de nuevo la marcha. Continúa adelante.

La vida es una carrera, a veces marcha, a veces contra reloj que nos obliga a detenernos, a descansar. Pero este camino que todos tenemos que seguir, ha de ser el de buscar nuestros sueños, el de conseguir logros. Aunque en muchas ocasiones, se nos presente difícil y nos haga parecer que no merece la pena, el esfuerzo final por llegar a la meta, será el que nos de aliento para continuar en la lucha por crecer y creer en nosotros mismos.

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