SABORES

Mientras pensaba que él estaba fregando en la cocina, ella se afanaba con la dichosa plancha como muchas noches pensando cuando harían ropa que no se arrugará. Él se presentó con una cucharilla y la obligó a sentarse. Ella protestó alegando que tenía mucha ropa que planchar, pero se quedó sentada con el cubierto en la mano.
Él volvió a la cocina y retornó al salón con el exquisito manjar. Le robó la cucharilla y lentamente empezó a introducirle en la boca la explosiva mezcla de dulce y salado.
El plato terminó en el suelo y la ropa por adecentar revuelta entre dos cuerpos más calientes que la plancha encendida.
2 comentarios
buho -
Besos golosos.
GreGori -
Si es que no hay nada mejor que membrillo y queso, aunque eso sí, no le conocía esos otros efectos secundarios.
Besitos picarones