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Mis relatos

EL CERDITO

EL CERDITO

Redondo y gordito de color colorado, albergaba sus tesoros de tener y no tener. En una balda, escondido de las miradas, ocultaba al cerdito. Sólo cuando ponían en sus pequeñas manos un billete o una moneda, subía sobre la cama y, apartando las fotografías de sus primas y las de él cuando era un renacuajo, lo bajaba de allí y le daba de comer. Introducía en el interior sus sueños de poseer mucho dinero y de ciento en viento, le abría la tripa deseoso de conocer cual era la cantidad que almacenaba dentro.

Los abuelos de Carlos, debido a ser los mayores proveedores del producto que le llenaba la panza al cerdito, insitían una y otra vez a los padres del chiquillo, en la necesidad de vaciarlo y meter el dinero en la cartilla de ahorro.

Un buen día, aburrido de la retahila de los abuelos del niño, Santiago, padre del dueño del marrano de barro, lo vació sobre la mesa de la cocina y allí, con Carlos oficiando de obligada calculadora, juntó en montones los billetes y las monedas sacados del susodicho.

En billetes, trescientos ochenta euros y en monedas, veinte para completar la cuarta centena, Carlos, ufano y sonriente, llevó su dinero al banco. Allí actualizaron la cartilla, para que él viera la cantidad que ya tenía y acto seguido dieron el dinero a la mujer que estaba atendiendo en la ventanilla. Carlos observó cómo introducían los billetes en una máquina la cual los contaba y cómo dejaban las monedas en una bandeja junto a otras monedas que eran separadas a razón del valor que tuviera cada una.

  • Me están robando- le dijo a su padre.
  • ¿Cómo?- le preguntó su padre.
  • Que me están robando - le respondió. Están juntando mi dinero con otro dinero y ese no es mío.

Santiago se aguantó la risa. La mujer que les atendía se les quedó mirando extrañada. Era la primera vez que Carlos acudía a un banco y todo para él era nuevo. Estaba muy serio, a punto de ponerse a llorar y había que comprender la importancia que suponía que su dinero estuviera en manos de otros.

  • Vamos a ver, hijo. Aquí, en la cartilla, saldrá la cantidad que tú has traído al banco y sabrás lo que tienes en total.
  • Pero...¿No puedo venir a ver mi dinero?
  • ¿Y de dónde has sacado la idea de que puedes venir a verlo?

Carlos le explicó a su padre que en la película de Harry Potter y la piedra filosofal, Harry iba al banco a recoger su dinero y que éste estaba guardado en una habitación bajo llave, colocado en montones. Y que él pensaba que también podría ir a ver el suyo. Y como tantas veces, Santiago tuvo que hacerle ver a su hijo que lo que había visto en el cine o en la televisión era una mentira, un cuento de los que cuentan para atrapar al espectador y hacerle entrar en un mundo de ilusión.

Y con la explicación y el tiempo, Carlos encuentra la realidad, halla que la verdad del día a día, quizá supere la ficción del cuento, porque según este pasa, se va transformando en su despertar a la vida... A su destino...

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AMAPOLAS

AMAPOLAS

Llevaba mucho tiempo esperando; no sabía exactamente cuanto, quizás dos años. Cada vez que se sentaba ante el ordenador miraba la foto.

Un anuncio de colores que publicaba algo que algun día esperaba conseguir, pero era tan caro que decidió olvidarlo temporalmente. A pesar de ello, la imagen era tan deliciosa que su mente insistió en dejarla pegada sobre el interruptor de la luz. El papel se había tornado amarillo y las flores perdían su rojo color según iban pasando los meses.
En alguna ocasión había estado a punto de romperlo ya que, pensándolo bien, no lo necesitaba, era un capricho, pero cuando se tiene un sueño, es un sueño y cuesta mucho quitarse los anhelos de la cabeza. Así que allí seguía, dibujando con los ojos sus encantos, envueltos en ilusiones.

Y ese día, de repente, cuando ya lo tenía olvidado se presentaron como por arte de magia.

Él subió al trastero con el hijo de ambos, mientras ella esperaba en la cocina y en cinco minutos entraron por la puerta con las manos repletas de deseos.

-¿Pero, qué traeis ahí?- les dijo.

Entre los tres, se pusieron a desembalar el interior de las cajas mientras a ella se le llenaban los ojos de lágrimas.
Él se apartó, abrió la alacena y empezó a sacar los platos azules y amarillos que habían comprado nueve años atrás, algun de los cuales ya estaban rayados y golpeados del uso.

-¿Qué haces?- le inquirió ella.
- Pues, tirar estos y poner los nuevos- le dijo. Los vamos a usar todos los días, quiero que disfrutes de ellos cada día, hasta que se rompan.

Ella no supo qué decir, pero entendió muchas cosas. El amor se expresa de formas distintas, se puede envolver en palabras, en objetos o en ilusiones, no siempre tiene que ser como uno quiere que sea.

Agarró un plato, observó su hechura, recorrió con los dedos el dibujo de la planta, sus capullos dejando asomar fulgores arrugados y las flores que, ya abiertas, despuntaban calidez. Cada día comería sobre rojos pétalos, verdes tallos y blanca loza. Se dirigió a la habitación donde descansaba el anuncio y lo arrancó del sitio donde estaba. Volvió a la cocina y se lo dió.

- Ya puedes tirarlo- le dijo. Gracias por pensar en mí.

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Desde ayer, como y ceno sobre una vajilla llena de amapolas.BUHO


El señor de los anillos

El señor de los anillos Quedaron para comer juntas.
Llevaban un rato sentadas y salió a colación, la de veces que habían visto El Señor de los anillos.
- No entiendo porque nos llama tanto la atención, porque lo vería una y otra vez.
- Porque en el fondo, es la fantasía que llevamos en el alma.

Imaginación

Imaginación Intentó encerrarla y reducir su mínima expresión a la nada. Colocarla entre barrotes y no permitirla salir. Pero era muy terca. Jugaba a volteretas consiguiendo que su inquietud fuera en aumento.

Insistió. En el gimnasio, sin música, uno, dos, uno, dos... La cinta, la bicicleta estática, las pesas... Pero no. La graciosilla se divertía con el reflejo de la ventana y con los movimientos corporales de los demás.

¡Pero mira que es pesada!- pensaba.

Al final se rindió a la evidencia; no podía controlarla. Así que decidió que se explayara. Agarró las zapatillas, se sujetó el pelo con dos coletas y salió de casa.
Recorrió la marisma corriendo, mientras ella tomaba aire y alzaba el vuelo. La dejó disfrutar de la brisa del aire, de la comunión del agua que descendía del monte con la que subía del mar, del sonido de las aves y del cielo azul... Y cedió ante ella, comenzando a saltar alborotada mientras veía a su sombra acompañándola y haciéndole guiños.

Encerrarla...¿Para qué? Hacia afuera quizás un poco, pero en el interior reside tan viva, que siempre que lo necesita, borbotea y serpentea, aunando y rezumando sentidos enlazados. Ocultarla...para su dueña, no.

CIES

CIES Cuando sintió la blanca arena bajo los pies, escribió un nuevo instante de su vida.

El gratificante sol deshacía con sus rayos la suave bruma del cálido atardecer, mientras las gaviotas se paseaban curioseando junto a las mochilas y toallas. Se agachó al notar el roce de la piel contra una superficie distinta a la de los albos granitos. Una concha junto a otra, cuyos cuerpos recogió de la playa.

El agua, transparente, rompía en la orilla regodeándose ante los visitantes debido a su gelidez. A pesar de ello, introdujo parte de su cuerpo en ella pero el frío le obligó a apartarla de su piel. A veces la belleza hace daño. Esa belleza tan sublime a la que, a sabiendas de serlo, no le importa ser cruel.

Nuevamente sobre la arena, rebuscó en sus adentros compañeras para unir a las conchas que ya tenía y aunó esfuerzos, removiendo dunas y pequeños montecitos.

Una playa, casi vacía, con la arena tan blanca como la nieve, rodeada de eucaliptos y pinos, de sol y océano; esa con la que ha soñado muchas veces y que por fin pisa.

En la mesilla de noche duermen, metidas en una bolsa, un grupito de conchitas y caracolas que cuando quiere acaricia con la esquina de su alma.

LA MUSA

LA MUSA Entre sábanas, sintió el calor del cuerpo que no quería moverse. Era tal la sensación de bienestar que ni un ápice de piel pugnaba por acariciar trozos más tibios de tejido. A pesar de ello se despertó.

Toda la tranquilidad que el sueño había depositado se revolvió cual batidora desmadrada. Llevaba días inquieta conociendo el motivo de su malestar. Nada, ni la más mínima y pequeña gana de tomar un lápiz y escribir. Como si la musa hubiera querido tomar unas vacaciones. Sabía que le hacía falta un pequeño poema, un minúsculo relato; crear, dar forma a las sensaciones vividas... Necesidad que su ente solicita constantemente, pide, y que al conseguir, sacia.

Hasta que sucedió... El coche, el viaje, detalles que provocan arrebatos de tinta sobre el papel y redondeados movimientos de los ojos al observar la conjunción de palabras enarbolando sonidos y sentimientos.

Musitó la musa,
hoy, un poema,
y mañana una diminuta canción.

Musita la musa dichosa.

MUJER

MUJER Se miró al espejo y no le gustó la imagen que veía.
Tristeza y melancolía embargaban su semblante.
Decepción y apatía envolvían la maravillosa vida que revoloteaba por todos los rincones que no apreciaba y que había comenzado a conocer.

Hasta que decidió no llorar más, ni intentar que los demás entendieran sus errores.

Trabajar sobre sus defectos y sus virtudes, escudriñar lo recóndito del alma y conocerse a sí misma.

Se ve desde fuera, no es perfecta. Los demás tampoco lo son. Que cometan errores, como ella misma los comete.

Sigue su camino, ya no es una niña.

Ahora se sabe mujer.

ABRAZOS

ABRAZOS Abrazos.
Inmaculados espacios de retorno de cariño.
Eternos instantes de renovada ilusión.
Batiburrillo de caricias y sinfín de sensaciones
que agradecen la atención del donante.
Sin pedirlos, recibirlos
son como mejor saben.
A mí me gusta darlos,
¿y a tí?

Solbra

Solbra Pensó en retirar la oscuridad.

Siempre el día latiendo en el corazón. Renovando incensantemente la fotosíntesis de la vida. Regurgitando sensaciones plenas en continuo vaivén. Observando las flores, los árboles, encontrando colores definidos por el resplandor del sol....

Se sentó a debatirlo en el interior de la mente, bajo un frondoso árbol. Bajo él, observaba el baile de sombra, la del árbol. Hay sombra, ha de haberla. Si no la hubiera, le quemaría la magnificencia de la luz. No puede ser, porque no vería la grisácea luna, ni las nubes jugando a acariarla, ni el crepúsculo con su juego de infinidad de colores. No sentiría el amanecer con los furiosos pájaros trinando, ni el silencio espectacular de la noche...

Porque como escribiría Valle Inclán "sombras entre las sombras".... Y sin luz no hay sombras, se complementan. Y desde las sombras es cuando más se trabaja para salir a la luz.

Y entonces apagó la lámpara.

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CHIVITINAS

CHIVITINAS Asemejando arcos perfectos,
delineando deleidades
revolotean revoltosas,
chivitinas caprichosas.

Entre planeo y aleteo,
cruzan sonidos y movimientos
chiquitinas golondrinas
ante la torre de la iglesia.

CHIVITINAS

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chivitinas caprichosas.

Entre planeo y aleteo,
cruzan sonidos y movimientos
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