VIOLENCIA
Mi hija (año y medio) procuramos que nos vea
en los momentos buenos o mejores:
cuando nos abrazamos y besamos,
cuando las cosas discurren con lisura y eficacia,
cuando no hay gritos ni vajilla amenazada,
cuando nuestro roce cotidiano es fluido
y no hay asperezas que nos hagan estallar.
Es obvio que lo otro-lo regular, lo malo, lo peor-
también lo ve, y lo oye; pero creo
que después de todo
no nos las arreglamos
demasiado mal.
Es alegre, nuestra hija; y no hay foto ni momento
en que no sonría.
Le ha dado, quizá por todo ello,
por abrazar a otros críos cuando los ve.
Se lanza sobre ellos, los envuelve
con los brazos y les planta un beso en la mejilla.
A cambio de sus esfuerzos ya le han dado
algún que otro tortazo.
Delante de los ufanos padres en cuestión.
Y ayer llegó, a modo de confirmación definitiva,
la guinda del patrón de conducta habitual:
una niña, algo mayor que ella,
al verla repartir sus holas y sus besos
entre un grupo de críos,
se volvió hacia un niño y le susurró en voz baja:
"Esta niña es tonta".
Me hubiera gustado
estamparle la jeta en el asfalto.
Y a sus progenitores
machacarles luego la cabeza.
Pero a eso
lo hubieran llamado
violencia.
ROGER WOLFE El arte en la era del consumo
Una hoja desnuda, caída en el suelo, no deja de ser una hoja, aquí o en París. La hoja seca, juguete del viento, contiene en su pequeñez toda la ciudad, toda la provincia, todos los otoños de todas las geografías. El verano tiene más colores que el otoño, pero están concentrados, como si temiesen la dispersión. El verano es un tomate rojo, dulce, carnoso, una invitación a los sentidos. El verano es una mujer o un hombre, que recogidos en sí mismos, caminan sobre la arena lentamente, sin prisa, y luego se sumergen en el mar, en el imaginario de su amor y en el real del Cantábrico. El verano es una flor amarilla que va de abeja en abeja, como el deseo. El verano es un limón que hace su nido en los labios de los amantes. El verano es un pájaro que persigue a los aviones, tomándolos por iguales. El verano es arena en los dedos, con la que vamos moldeando nuestros sueños y esperanzas, nuestras alegrías y tristezas. El verano es una nube que pasa de largo y veloz en dirección al otoño, que es un apeadero de vientos y suspiros. El verano es una ballena amarilla, que aparece y desaparece en el frenético oleaje de la memoria. El verano es una manzana que sueña que es un árbol, vestido para el baile nupcial; una mariposa que escribe con sus alas frases de amor. El verano es un vino que embriaga lentamente; una canción sin letra susurrada al oído en una terraza de playa. El verano es una hoja que mira al futuro con ojos de luciérnaga, que ría de día y tiembla de noche, aquí o en París.
Andas entre veranos y puertas sin ventajas
Soy un guardador de rebaños.
Era un ser maravilloso injertado en un árbol, una pieza tan perfecta de fisiología y botánica que su corazón palpitaba en el tronco del árbol, un crecido palo del Brasil. Lo más interesante de este muchacho eran sus frutos, verdaderas estrellas que se desprendían en vilanos luminosos huyendo hacia lo azul. El único inconveniente de esta criatura era la necesidad de permanecer fijo en el mismo sitio. "Un árbol ata mucho", se quejaba a veces.
¿SE hieren y se funden?
El loco es como el otoño y el viento. El loco dice que la luna le persigue, que la luna está dentro de él, que su sangre es de plata; y su corazón, un latido de perdices.
Cayó el pájaro herido
Rara vez un gramático es consciente del delicado monstruo con quien trata; nos dirá, por ejemplo, que "ser" y "estar", son verbos auxiliares...¿Auxiliares, de quién? La esencia y la materia por ellos se proclaman y lo demás existe porque en ellos vivimos. Ser es el todo, el alma del que habla; del que ama, el deseo; del que interroga, el ansia; del que ansía, la duda; es alma, inteligencia, lo que queda del sueño cuando el sueño se acaba.
La rama no teme
¿Acaso no es prisión
El indicador decía Con niebla, no se detenga,
El último poema, el que aquí no figura, trata de las cosas que las mujeres llevan en la cabeza. Ese poema es una prolongación en marcha. Como las cosas que las mujeres llevan encima de la cabeza son también una prolongación. De niño, la mayoría de las mujeres del mundo en que me movía iban casi siempre con algo encima de la cabeza. Un peso. cestos y banastas con fruta, patatas o pescados. Lotes de ropa. Haces de hierba, o cereales, o helechos. Herradas de agua y calderos de zinc. Jarras de leche. Sacos de grano o harina. Leños atados. A veces, el asombro de ver una mujer con una máquina de coser. Una mujer con una barra de hielo. Una mujer con un lechón en un cesto. Una mujer con un pan de maíz del tamaño de una rueda de carro. Una mujer con quesos envueltos en berzas de col. Una mujer con una cesta de erizos de mar, puñetazos encarnados, denegridos de un sueño astrográfico... El de la memoria rebelde del mar. Lo que veo ahora, esos recuerdos ensartados, son signos que emergen con una fuerza expresiva que me hace ir hechizado detrás de ellas, detrás de esas mujeres-poema que caminan hacia delante, el cuerpo erguido, la mirada al frente, anticipando su andar la grafía de los pies que avanza por el trazo que dejó la mirada.
Hace siglos, madre, en Delft, ¿recuerdas?,
La mano en la sien,
....porque todos los hombres matan
¿A qué lengua se traduce la lluvia?