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buho

Mi mío

ELLA

ELLA Florece.

Rodeada de hierba que ahoga.

Sus alas que castiga el viento

El sol sobre el pétalo abierto

Respira... suave, amapola.

BUHO

AGUA

AGUA Llueve lluvia.
El sol está oculto tras agua cristalina.
Cuando se retiren las sombrías nubes
la luz será infinita
y la tierra, empapada,
continuará escupiendo flores.

BUHO

LA CARRERA

LA CARRERA El río desciende contra corriente. Suave, va bajando por el canal que la mano del hombre ha impuesto para contener su caudal, en ocasiones impetuoso. La fuerza del Mar Cantábrico que penetra decidido por su desembocadura le obliga a retroceder mezclándose el dulce con la sal. Cientos de rocas con algas y pequeños moluscos pegados a su superficie dan al Urumea un aspecto delicioso. El puente Santa Catalina derrocha esplendor proyectando su imagen en las verdosas aguas que bajo él se escurren en ondulaciones irisadas.

Es un día lleno de reflejos, de espejos deslumbrantes. Los charcos que se forman en el suelo, las gotas sobre los coches, los salpicones en el río, los colores del viento azotando las ramas de los árboles, que asustados, dejan caer sus amarillentas hojas y los grupos de palomas sobrevolando la ciudad consiguen que el espectador se sienta apabullado ante tanta belleza.

Está lloviendo y el ambiente mojado se mezcla con el olor a sal marina y sudor humano. Es temprano, pero en la calle se observa gran actividad. Hay cientos de corredores que buscan su meta, su llegada.

En el suelo, como si hubiesen caído en tromba del cielo, montones de botellas vacías; azul intenso, apiladas, apelotonadas, pisadas por las personas que continúan su marcha. Sonidos de agua contra el suelo, de corredores peleándose contra el viento que azota y contra el cansancio que agota, sonidos de coches intentando pasar el cordón de seguridad, de aplausos a cada paso de los participantes.

Se detiene, está cansada, sus ojos buscan el sendero que todavía ha de pisar, el terreno que sus pies deben recorrer. Comienza a andar despacio, respirando profusamente con su frente perlada por el sudor. A su alrededor, sus compañeros la van sobrepasando, la dejan atrás. La gente que la mira la anima y abandonando su desazón al sentirse tan agotada, inicia de nuevo la marcha. Continúa adelante.

La vida es una carrera, a veces marcha, a veces contra reloj que nos obliga a detenernos, a descansar. Pero este camino que todos tenemos que seguir, ha de ser el de buscar nuestros sueños, el de conseguir logros. Aunque en muchas ocasiones, se nos presente difícil y nos haga parecer que no merece la pena, el esfuerzo final por llegar a la meta, será el que nos de aliento para continuar en la lucha por crecer y creer en nosotros mismos.

BUHO

NOCHE DE REYES

NOCHE DE REYES Es de noche. El espigón está lleno de gente apelotonada mirando hacia la oscuridad del mar. Gente, personas de todas las edades, mayores y niños esperando la llegada de una ilusión desbordante de deseos, cargada de sueños...

A lo lejos se aprecia una luz que según va acercándose muestra el encanto de un pequeño velero transportando el anhelo de los que en tierra, nerviosos y excitados observan la visión añorada durante un año.

En el espigón los pajes vestidos a la usanza árabe encienden sus antorchas las cuales acompañarán a la comitiva por las bonitas calles del pueblo. Según se va acercando el velero, se lanzan cohetes que se unen a la curiosa luna y a las antorchas para dar resplandor a la hermosa noche que despejada, enseña sus estrellas a todos los presentes.

Los más pequeños, como en un cuento de hadas, mantienen sus ojos interrogantes, entusiasmados, con la boca abierta y sus pies intentan aprender ballet a toda prisa poniendo sus dedos lo más en punta que pueden, a fin de ver a los Reyes Magos los cuales están llenando de magia ese momento.

En el pueblo hay una pequeña casa con tres ventanas que dan a una de las calles principales y allí se colocan Melchor, Gaspar y Baltasar, uno en cada una; y hablan a los niños, les tiran caramelos y consiguen que todas las caritas que se vuelven hacia ellos expresen alegría y ensueño.

Y preguntan y se asustan ante la presencia de los sueños, que unas noches más atrás no eran más que eso, sueños, que creían no poder cumplir, que eran impensables y que ahora sin buscarlo, sin siquiera imaginarlo están ahí, tangibles.

Incluso los mayores nos permitimos soñar, imaginar que nuestra vida se va a llenar de estrellas y que al día siguiente vamos a hallar bajo el árbol de Navidad nuestros anhelos. Pero, ¿y si no es así? ¿Y si pasa el día de Reyes y no encontramos nada? Sí, un regalo que en realidad, no es más que eso, un regalo, un detalle, ¿un qué?....

Estamos tan cegados con todo lo material que creemos que es lo que nos llena de felicidad y no es así...

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Todo aquel que lea este relato que lo piense: ¿Qué regalo puede ser más hermoso que el que uno mismo se pueda dar? Buscad en el interior lo que a cada uno le hace falta y razonadlo, pero no se ha de recurrir a nadie porque nadie nos puede dar lo que ya tenemos; a algunos les hará falta algo y otros quizás necesitarán quitarlo, expulsarlo.

Halladlo y luchad por cambiar, porque en eso consiste la felicidad:
EN NO DARSE POR VENCIDO NUNCA.

BUHO

NACER, CRECER, VIVIR, MORIR

NACER, CRECER, VIVIR, MORIR ¡Qué hermoso es el ciervo que, asustado
se retira tras la espesura del bosque!

¡Qué bello es el bosque que, a sus árboles
permite acariciar suaves rayos de sol!

¡Qué cálido el sol que, con dulces destellos
alimenta la tierra que nos vio nacer!

Nacer, crecer, vivir, morir
como el ciervo, como el árbol y el sol,
parte de la extraña naturaleza
que un día nos castiga y al otro nos regala
pequeños sueños que por si respiran,
insignificantes triunfos, llenando el cuerpo
de tanta alegría que sacian infinitamente
dejando apartados la tristeza y los suspiros
que continuamente nos acompañaban.

Crecer, sin que nadie nos dé comida
buscando soluciones por uno mismo
como el ciervo, como el árbol y el sol,
viviendo de lo que nos aporta la vida,
una vida que cada ser ha de completar
con los medios que ni intuye ni sueña posee
y como el ciervo, el árbol y el sol
cuando se haya crecido, vivido y soñado
apagar suavemente la llama que nos alumbra
sabiendo dejado de nuestro seres queridos
lleno de luz, confianza, ilusión y amor.

BUHO

CADA SER

CADA SER Cada ser es uno mismo,
con sus limitaciones, con sus triunfos,
un ente propio, con luz,
quizás algún instante en penumbra
pero siempre con un amanecer
que le procura fuerza y vitalidad
para salir adelante en los momentos difíciles.

Cada ser se ha de aceptar tal y como es,
a fin de crecer por dentro,
a fin de lograr que los sueños, si no se cumplen
si consigan aupar las ganas por vivir a tope
con firmeza de espíritu y entrega
y sólo con ese esfuerzo de aceptación
la lucha por lograr la felicidad será plena.

BUHO

ESTA MAÑANA

ESTA MAÑANA Diminuto, rojo
que mis ojos han contemplado hoy:
el lomo abierto
y tus orejas despuntadas.

Después de rozar una araucaria
entre tres paredes de triste piedra
y una escalera;
allí sobre tu vientre,
el cuello erguido, la mirada vidriosa
y fija del que no puede moverse.

Belleza rota que nadie observa
rodeado de musgo y plantas,
semioculto, escondido de las visitas,
sin ser, tierno eres......

Diminuto, rojo, tú no puedes ver;
yo sí, te he visto.

BUHO

Pasaia, Guipúzcoa en la c/ San Pedro en un callejón entre los números 52 y 54

LA PINTURA

LA PINTURA Comienza una nueva pintura; el lienzo está blanco y en la paleta se mezclan los colores que esperan ser colocados en orden. Todavía están atontados ya que hacía meses que no los utilizaban. Se quedaron como dormidos, en letargo, descansando de tanta actividad y de tanta luz. Ahora, de nuevo en acción, se pelean los unos con los otros para conseguir mayor protagonismo.

El pintor dibuja unos trazos que serán la base de la mezcolanza de la imagen, que ansía por salir de las manos del artista. Está decidiendo qué luz quiere darle al cuadro y sí, la luz de la mañana, quizás sea la más adecuada. Hay que colocar el encuadre; en la parte alta líneas indefinidas sin rumbo, que va dibujando con el carbón, algún monte y delante, el prado.

Ya está más o menos encajado: a la derecha un árbol, detrás los montes y el cielo....verde el monte, azul el cielo y marrones el tronco y las ramas del árbol. Ahora empieza la difícil tarea, dar vida a este boceto que clama por desarrollarse....

El campo se sacia de plenitud, de miles de margaritas blancas teñidos su pétalos de suave rosa y de repente el amarillo chillón hace su aparición: dientes de león que después ofrecen preciosas bolas de mirar transparente. La hierba está tan brillante verde que hace daño a los ojos pero en un instante, se adecuan a su cálida luz, la misma que proyecta el sol que aparta a las pequeñas nubes que corretean sin cesar.

El árbol comienza a llenarse de pequeñas hojas, de brotes nuevos que el pintor va plasmando en suaves toques de color manzana y entre las ramas se deslizan halos casi invisibles de caricias que le tibian la piel.

Tiene en su mano una de esas brujas de los cuentos, de esas que salen entre bosques y sonidos de agua, de esas que los gnomos recogen para adornar la entrada de sus casas. Y sopla y resopla para que salgan volando y aporten nuevos matices al conjunto; se mantienen en el aire con suaves movimientos empujados por las ráfagas de viento y se pierden después en la infinidad del espacio.

El lienzo está completo, el paisaje de ensueño y su alma plena de haber captado ese instante de luz, color, sonidos de pájaros y sentidos que provocan sosiego.

Y el que observa el cuadro: ¿Ya ha captado la esencia? Yo te la explico:
LA PRIMAVERA

BUHO