buho |
![]() Para aquellos que busquéis estrellas aquí encontraréis alguna de las mías.
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Sensaciones. Esperpento desatinado en piedra tallado el dentudo saliente bajo el campanario, sobria roca que unge un pequeño cerro con la cruz latina de planta y modelo. Medieval templanza de gruesos muros divide su torre en dos, un tejaroz, ante el que los novios posan sonrientes mientras los invitados arrojan arroz. Eternidad alberga divina estructura entre palabras ocultas tras esculturas, tan sobria y digna que destila miedo, escondido ante un omnipresente silencio. La estela de la iglesia, entre árboles se alza guardando los siglos insignes batallas, tu cuerpo encinto de sueños embarga, Estibaliz de piedra, Estibaliz de plata. Un vínculo entre terapia y fastidio, porque a él no le duele y mientras hurga en las entrañas del juicio surgen, interrogantes anodinos: ¿Y si agarro la puerta y me voy? Pero entonces, ¿a qué he venido? ¿A curarme o a conjurar sapos y culebras? Justo ha encontrado el punto del suplicio, el que obliga a dar la vuelta en la cama, porque no hallo postura ni sitio. El sapo palmotea la carne, mientras la culebra se desliza sinuosa atacando una y otra la piel y yo, deseando que acabe el masaje, cuya esencia me acumula hiel. Sin aviso, un brusco movimiento, anotando suspiros y crujidos el cuello, y mi cabeza empieza a dar vueltas y giros que sugieren tumbarse o irse al suelo. El masajista me mira desde lo alto y desde mi incómoda posición le comunico que le escribiré unos extensos versos rimados, no sé si de cariño o de gritos ataviados. Se sonríe, mas no es broma, lo que me duele el hombro y el brazo, aquí está el poema rabioso, a mi querido terapeuta dedicado. Lámpara de la entrada del museo de Arte Moderno Artium de Gazteiz-Vitoria Un pedazo de cielo cristalizado, transparencia adornada de lloros, colgaba sobre los ojos. Reflejos en el aire moviéndose retozones. Y chocando entre ellos, lluvia contra lluvia, bohemios globos de aire soplado en armonía de pompas de vidrio. Sin llorar, suenan las lágrimas de cristal encantado, rozando apenas sus cuerpos, como mariposas en copa de hortensia, obnubilados de nítida visión. Y bajo ellos, soñaba con pasar la mano, acariciando su manto de romas estrellas, aunque sólo fuera un instante. Saciando la mirada y el sonido, lo que no pudo ser. Cada día a distintas horas, encuentra la mesa blanca como amiga. A ella le cuenta confidencias y en ella, descansa los brazos, apoyándolos en su lisa superficie. Y la mesa, junto a la ventana, que casi siempre tiene los postigos cerrados cuando llega a la biblioteca. Los abre y contempla la pared de la iglesia, altiva y pétrea. Piedra que el tiempo ha contorneado en aguas de colores, provocando dibujos a lo largo de su alta presencia. Frente a ella, la pared de una casa con los balcones pintados de azul albergan macetas con flores alegrando el ambiente. ............................ Hoy sueño con la ventana, y sueño despierta. La ventana es vieja, de dos hojas, y en cada una de las mismas, el cristal se divide en tres partes, tres cristales por hoja. En el camino de mis ojos, el cristal es un cuadrado perfecto, enmarcado por un listón de madera. Y el cuadro que se presenta detrás, grande, muy definido en el volumen de su ente, con el tamaño encajado en la escala precisa. Estoy de pie, y sin mover el cuerpo inclino mi cabeza para observar el cuadro del cristal que está debajo. Sólo veo la solera del balcón, un poco de barandilla y las piedras de la empedrada calle y la superfcie transparente, a pesar de ser cuadrada, me ofrece una perspectiva distinta, proyectando un pequeño lienzo. Y si subo la cabeza, veo al cielo intentando ser el protagonista de la noche que se avecina, un poco del muro de la iglesia y el tejado de la casa. Y también se le observa diminuto a este cuadro, por otro de los cristales de la ventana. Pienso que si me agacho, la imagen del de abajo se haría grande, como la del cristal del medio, o si me subiese en una escalera, la de arriba... Pero cambiarían los elementos de lo que viera. Abajo, dejaría de apreciar las piedras de la calle y vería otra parte del muro de la iglesia... Me gusta mirar así, me encanta jugar con las perspectivas, darles formas distintas, moverme para encontrar otros puntos desde los que apreciar cosas de distinta manera. He cogido una hoja del suelo. Es sencilla y bella a la vez. Sin más. No le hace falta nada para seguir siéndolo. Aún después de finalizado su periplo de vicisitudes está mostrando que con sólo una ráfaga de viento es libre. La hoja nace en primavera y tierna, se va agrandando en espíritu y tamaño y aterciopelada, va creciendo hasta convertirse en plenitud que muestra el verano en rumor de roces, de rayos de sol bailando entre nervios que tililan fulgor. Y en otoño, comienza a transformarse en disconformidad arcoiris de ocres cargada en rojos, naranjas, amarillos y marrones. Pierde ternura, mientras las esquineces se presentan en patas de gallo doblando las uñas. Abandonadas a su suerte, terminan arrebujadas unas contra otras, bailando desnudas en arte de vejez. Y el año que viene nacerán otras. Así deberíamos vivir las personas, en ternura temprana que terminará en un arte, en un quererse por encima de edad, de pautas y modas. Una hoja que todavía está en el árbol esperando saber terminar la vida con la esperanza de la hoja que se quiere a pesar de ganar en arrugas. Y finalizar con la dignidad que lleva un camino de viento y estrellas. Soy esa desmelenada, otra vez No busques más que sabes, ladina, ¿Acaso no escuchaste o no viste? Macabro día el que te cede la musa, Me dejan un sobre. Entre un montón de tantos Ni un sucinto disimulo ni nada, Yo me pregunto: ¿Qué vida tienen ¿O es que el camino de los demás Veo tus manos sobre el piano, Mi mente tiene el sonido Organizaste la comida, Unión nos trajo tu encuentro, Para Manueltxo Se llenó de agua y espuma, mientras la estancia se condensó de calor. Despacio, según iba albergando en su seno la acuosidad de la transparencia, se sintió plena de utilidad destinada al baño, la bañera. La temperatura fue subiendo mientras los dos miraban las pompas de jabón alzándose en amorfos aposentos de cálido acogimiento. Cuando ya desvistieron sus cuerpos, el ambiente teñía la mámpara del baño en atónita pizarra de dibujos animados. Se metieron en el interior y después de acomodar la piel al agua enjabonada, destinaron sus deseos a jugar con los utensilios escondidos en un bote: una barquita, una regadera, el muñeco que, dándole cuerda, sabe nadar, y las pelotas de goma. Sumergían la regadera, y después de convertirla en una pesadez de movimiento, se la desparramaban el uno al otro por la cabeza en sinfín de gestos divertidos recogidos en sus caritas sorprendidas. ......................... Oculta tras la puerta, tras una pequeña rendija, me saciaba viéndolos moverse y escuchando sus conversaciones. Mis chicos, como los llamo a menudo, convierten un gesto de todos los días, en un ritual desestresante para mis adentros, porque los veo comportarse como son, sin tapujos, con la naturalidad de un padre bañándose con su hijo. Y yo fuera, deseando que me llamen para formar parte del trío, ya que me toca la toalla y sacar al peque de la bañera, pelearme con sus rizos, con su inquietud... Sólo fue un instante, en aquella huerta, en un momento en el que, entre toda la algarabía existente, tuvo que acercarse al coche a fin de recoger una bolsa. Allí, en el camino lleno de barro, se sació de aire y miró a lo alto observando todas las revoltosas que le daban la bienvenida. Verde propio del estío, La imagen se aprecia más después de abrir los ojos A veces me gustaría no tener intuición. Desearía no tenerla. Algunos lo llamarían presuponer cosas. Quizá sería menos preocupante mi mente, o no le daría tanta importancia a ciertos comentarios de gente que me rodea. Pero son esas cosquillas que me dan vuelta en el estómago cuando los oigo, las que me ponen alerta, las que hacen que después esté días, dándole vueltas a lo mismo. ¿Por qué esto o por qué lo aquello? ¿O por qué lo de más allá? Y no es que busqué encontrarlas, es que vienen. Nacen de una frase, de una palabra y por supuesto, dependiendo del contexto y de con quien y donde me halle. Podré oir montones de conversaciones, de suspiros y charlas, y de repente allí aparecen, como mariposas girando y brincando dentro de mi barriga. Van acompañadas de colorines de diversos matices que ahora viven en mi día a día. Luché contra ellas, las negué, las arrinconé, diciéndome que no eran reales, que eran producto de mi fantasía. Abandoné en una esquina una parte muy importante de mí misma, para dar más importancia a lo que me decían los demás. Decirlo, comunicar cada una de dichas voladoras atravesando mi interior en esos momentos, opté por dejar de hacerlo. Dedicarme a ellas cuando se asoman, y rendirles mucha honra, eso sí, porque forman parte de mí. Subió las escaleras con el chiquillo detrás, - Ven aquí, ¿dónde estás? Salió del coro y allí, en un banco, - No quiero entrar ahí. Tengo miedo- decía. Se levantó ella, los lloros el pequeño renovando, Sobre la pared situado, unos pies clavados, Lo sacó de la iglesia y durante varias noches, Aunque yo siempre me pregunto Huele a mar, a algas y arena. Huele a mar, Y dirigido el cuerpo Sólo yo sé lo que pienso. El silencio quisiera gritar, mas calla. Allí, de alaridos se calma Y se pondrá a chillar, histérico. Hoy quiero sonreirte. Al hacerlo te imagino enfadado conmigo, Así que he decidido, en armonía con lo que siento Dedicarte una sonrisa, mi corazón. Redonda achatada. Rabo verde que acompañado de otro, Dentro ya, la lengua rebosa libidinosa Ahí está otra vez ese muro Como si la mariposa volviese Como si una delicada flor, Quizá debiera aceptar que soy Y no quiero. Amarme implica, Y no quiero porque juré vivirme. Bailo sola. Me observo y deteniendo la danza Y con una cómplice sonrisa, Y bailo. Líquido que te rodea. Vuelas diría, más nadas cual pez moviendo aletas. Encierro mis ojos en tu vaivén Una cena para dos. En un restaurante chino, vietnamita y japonés. La carta es un batiburrilo de desconocimiento al que no queda más remedio que lanzarse al vacío. Al final varios platos terminan repartidos en la mesa. Platos que compartimos...Una ensalada cargada de piñones, una tempura de langostinos, sushi de atún, rollitos de arroz rellenos de algas y envueltos en cientos de pepitas de sésamo que resultan ser deliciosos, carne de ternera caramelizada con hongos y pimientos... Y tus ojos que brillan porque están disfrutando, porque estamos peleándonos con los palillos que hemos decidido utilizar mientras un exquisito vino blanco nos corre por la garganta. Has elegido el restaurante aunque yo no estaba demasiado convencida y resulta que me estoy pasando en grande. Van a traer el postre y de repente bajan la luz. - Mira, han bajado la luz- me dices. Yo me hago la loca y finjo no haberme dado cuenta. Estoy viéndolo todo en cámara lenta...La camarera en una esquina del restaurante con un trozo de tarta al que le está colocando una vela. La enciende y lentamente se acerca a nuestra mesa y la coloca frente a tus ojos. Un gesto de sorpresa y de vergüenza se entremezclan mientras tus brazos intentan tapar la cabeza que quiere esconderse. -Feliz cumpleaños. No hago más que ver tus ojos Tus ojos que se ríen Tus ojos que me miran, Rememorar sensaciones, Y las amapolas me encuentran Eleva el deseo Monte de carne nevado Pecho altivo Hierba adornada de margaritas Un rincón central se convierte Y ante ese contacto con la natura La capacidad de emocionarme Bajaron la cuesta terciopelos bordados de oro Bajaron pasos sin flores, de Juanes y Marías Tarde de silencio y de corros de sangre Perspectiva desde el aire. Nueva, distinta en sin fín de formas. Desde el aire los paisajes se ven pequeños, pero no pierden su especial atractivo. Montes, lagos, ríos, caminos.... Lo que antes se recorría en horas de coche, lo abarca la punta de mis dedos en un momento, en un instante. ¡Y es tan díscolo! Las nubes, las ves desde un punto de vista que, sin duda, hace divertirse a la fantasía de la mente. Desde abajo, estás deseando que se abran para que te dejen ver el color del cielo, a veces, se dibujan amenazantes y otras en animados corderos y serpentinas retozan...Siempre mágicas. Pero ahora estoy encima, y yo juego ahora traviesa en cortarlas como si tuviera un cuchillo y ellas revoltosas, me tapan un montecillo y después otras cosas. Bajaría del avión, del azul cielo en el que me hallo y me apoyaría en los suaves algodones ahí abajo y jugaría a esconderme mientras no sé dónde apoyar la mano, que se desplazaría con miedo, temerosa de un mal paso. Más no juego, no, allí me apoyo en el asiento mirando por un agujero que me ofrece las nubes, los montes y el intenso cielo..... Engalanarse querían, Concentraron sus cuerpos en aromas calientes Cerrados los ojos,soñó el hombre Continuó la estructura de tierna cerámica De alma, convirtieron un palacio eterno Se sentaron a la mesa. Había pedido queso cuyo cuerpo servido en una pequeña cazuelita de barro. Borboteaba dentro del redondo recipiente. Tomó un colín de pan, lo untó con cuidado en el blando alimento y tras darle tres o cuatro vueltas a fin de que no se cayerá, se lo ofreció. Ante su mirada, se dió cuenta de lo que quería y golosa, lo mordió mientras mantenía sus ojos en su dirección. Los acompañantes no se enteraron de nada, y la velada continuó en animada charla. Sólo cuando se encontraron en la habitación del hotel dieron rienda suelta a sus instintos. En la cadencia del silencio, gritaba Sentidos que envuelven un momento, sentidos envolventes. Salió a recibir el cálido murmullo del agua. Tan arropador como otras sensaciones de miel. Cuando llegó se sentó en el muro y rodeó con la mirada el entorno. El cielo azul bailaba con el mar en salpicar de caracolas mientras los peces volaban en su mundo. Cerró los ojos. Concentración. Se deja llevar. Respira. Lleva el aire al vientre para dejarlo salir hasta que los pulmones ya no pueden más. Agua. Se escucha como un suave borboteo contra el muro. Ahí está acariciando la piedra en suaves roces depositando su esencia entre los pequeños recovecos de dureza. Suavemente se aprecia el continuo tintineo de las cristalinas gotas, clin, clin, clin...... - Hola. Le obliga a seguir escuchando el rumor de las olas, pero la tensión sigue en aumento. Casi corriendo sale disparada buscando un lugar para aposentar el trasero. A chorro. ¡Qué distinto el sonido del líquido! Dichosa vejiga, para la próxima vez, de casa, meada y cagada. Respiras. Destrucción y Creación. Términos opuestos y amigos. Divergen y convergen, el uno sin el otro no pueden existir. Se destruyen pautas e ideas para dar paso a nuevas. Y las nuevas no sabes si te dan más alegría o más tristeza que las viejas. Distintas, sin duda. Ahora es más fácil seguir el camino, pero comprendes que por el sendero pierdes algo... Es como creer en todo y en nada a la vez, como desear un día de sol junto a uno de lluvia, pelearse con uno mismo en busca de un término medio. Un paseo, un coche del que se baja una señora la cual apenas puede moverse. Una muleta que acompasa unos movimientos difíciles. El conductor no se mueve, deja el vehículo sobre la acera y espera. Ella, despacio, aplica pequeños pasos a sus piernas. Una mano la ayuda. Al principio la rechaza, pero ante la insistencia de quien quiere acompañarla, desiste de su actitud. Habla, tengo úlceras en las dos piernas, ¿sabes?, en casa ando con las dos muletas pero para ir en el coche tengo que traer sólo una. Continua la marcha apoyada en un brazo amigo. Al llegar a las escaleras, tranquila,ya me apoyo en el pasamanos. Besos. No puede evitar un gesto de agradecimiento y una laguna en los ojos. Al cuarto de hora, el conductor sigue metido en el coche, sin un gesto, sin un ademán; una mirada, ¿qué estará pasando por su cabeza? ¿Y por la cabeza de la mujer de la muleta? ¿Y por la mano amiga? Frío. La escarcha ha teñido los colores. Por la mañana, al amanecer, parece que ha nevado. Los coches han ido a la peluquería, al dos se diría que les han cortado el pelo. En el techo una blanca superficie les corona, como de terciopelo, elevándose en sutiles aristas al cielo. Al acariciarlas se parten minúsculas estalagmitas, que se terminan deshaciéndose con el discurrir del día. El discontinuo suelo acopló sus baches a la horizontalidad cubriéndolos de agua cuyo tacto con el aire ha sufrido curioso cambios. En una esquina del charco, el pie pisa al crujiente bajo cero introduciéndose un incorpóreo bajo su ente formándose un cuerpo al instante. Ella, la burbuja, se pasea entre masas líquidas atravesando su campo de recreo. Ha sido creada más cuando caliente el sol desaparecerá en la nada de lo etéreo, de lo voluble. Mientras tanto aprovecha su presencia para jugar traviesa, y excitada conforma su vida en los breves. El tiempo que le queda, se acomoda observando al sol que va fundiendo a su creador y agradecida expira en un suspiro dejándose llevar por el viento. Un columpio, máxima expresión Un día llegará Aquí estaré |