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buho

CONCESION

CONCESION

La calma, el peso del origen
donde la concesión es humana.
Una flor oscura como la furia
cuando hay hambre y la sed
con su brusca acometida avanza
allí donde los sueños perdieron
la noción del tiempo. Tal vez
sea la duda el eterno dilema
que en calma desaparece.

Kepa Murua del libro Las manos en alto.

LA FAZ DEL MUNDO

LA FAZ DEL MUNDO

A veces llevamos las manos atadas
a la espalda. No podemos caminar
y caemos como peces en la red de un barco negro.
A menudo tenemos los ojos tapados por una venda.
No podemos ver y nos retorcemos como perros
mojados por el agua. Siempre que no queremos,
sin saberlo, perdemos algo, y sin tregua
caemos en el abismo del pensamiento
como pájaros atrapados en su nido.
Nunca pensamos que nos puede pasar a nosotros.
El dolor que arrastramos por dentro
jamás emprende libre el vuelo.
Tarde es la vida que guarda la faz del mundo.
Pronto el único momento de saberlo.

Kepa Murua del libro Las manos en alto

LA MARGARITA

LA MARGARITA

Miraba como hacían flores con globos
con globos de preciosos colores.
Miró su rostro cansado
mientras estaba sentado en el banco.
Él la miró y se levantó.
Ahora ella mira la margarita todas las noches
antes de meterse en la cama.

En silencio

En silencio

El árbol estaba tan lleno de manzanas que sus ramas no se podían mecer con el viento.

¿Por qué no haces ruido? Al fin y al cabo, todos tenemos nuestra vanidad, y queremos llamar la atención de los demás -dijo el bambú.

-No hace falta. Mis frutos son mi mejor reclamo -respondió el manzano.

No he aprendido nunca a silbar

No he aprendido nunca a silbar

No he aprendido nunca a silbar. Y, de verdad, os digo que me da una gran pena. Intentar, lo he intentado más de una vez, sobre todo cuando era niño, pero fue en vano, no me sale. Como mucho sería capaz de emitir algún sonido chapucero con la boca, pero silbar, nunca he aprendido a silbar. Los más viejos de la casa me han dicho que hace tiempo que era imprescindible saber silbar, cuando todavía no había timbres, ni tampoco teléfono. Al amigo también se le solía llamar desde la calle para que saliera de casa. Pero yo soy muy torpe silbando.

El poeta clásico William Wordsworth solía relacionar la poesía con Silbar. Según él, escribir un poema y silbar son dos actividades muy parecidas. El poeta, decía Wordsworth, es como el niño que une las manos y emite el ulular del búho. El niño, tras estar ensayando en casa sólo de día, suele ir todas las noches al bosque a imitar el ulular del búho. Hará durante muchas noches el mismo recorrido y una noche, sin que él sepa, recibirá una pequeña sorpresa; le van a responder los búhos, los búhos pensarán que el niño no es un ser humano, sino uno de ellos. No hay mayor alegría que recibir la respuesta de los búhos, solía decir Wordsworth. E igual que el niño aprende a ulular como el búho el poeta debe aprender también a escribir, hasta lograr la “autenticidad”. Entonces, es cuando se “fusionarᔠcon el mundo.

Kirmen Uribe

PARA UNA NUEVA ESTETICA

PARA UNA NUEVA ESTETICA

La fresa es más exacta que la rosa
la puedes disfrutar en tu interior

la rosa es un retrato un bodegón
naturaleza muerta si se corta

la fresa es un paisaje con sus puntos
de líquido amarillo sobre rojo

como conchas de soles caracoles
en arcilla esponjosa y sonrosada

o débiles estrellas despuntando
en el solar del cielo que atardece

la rosa es gusto extático tan frío

la fresa se hace forma entre tus dientes
desenvolviendo a lágrimas su gusto

y su belleza sabe a hielo dulce.

LUIS VICENTE MORA

CIUDAD

CIUDAD

Oímos la palabra ciudad y ¿qué evocamos?, ¿qué imágenes vienen a la memoria? ¿Acaso la Torre Eiffel, el Obelisco, el Empire State, el Maracaná, la catedral de San Pedro, la calle Joung, la plaza de San Marcos? ¿Acaso avenidas, puentes, malecones, casas, parques, fuentes, murallas, ruinas?

Ciudades que se pierden en la distancia y en el tiempo; urbes, metrópolis del ayer, rescatadas de las cenizas, del mar, de la selva o el olvido. Ciudades con rascacielos, avisos, colores y muchas luces.

Pero olvidamos el origen, el punto de partida, porque más allá de todo eso, y más acá de esta página, ciudad no es nada distinto al hombre, al ser humano, a la necesidad de amparo, de protección, a la convivencia. Ciudad sin civilización, sin cultura, sin hombres y mujeres, no es posible.

Las ciudades se inventan cada día, se construyen y se recrean cada año, época tras época. Las murallas, las ensenadas, los pantanos, fueron para la defensa; aldeas, pueblos y ciudades, junto a ríos o quebradas, para preservar la vida. Otras ciudades, se dibujaron, se trazaron en planos, se olvidaron a las gentes, a las personas, a los que deberían cruzar los insondables abismos repletos de autos, los laberínticos puentes, los escabrosos andenes, los escarpados edificios; por ir tras Dios en las alturas, perdimos la noción de humanidad.

Ciudad, producto del bien común, de la suma de esfuerzos. En la antigua Grecia, todo era público, todos responsables de todos, del gobierno, de la administración, del cuidado y del bienestar general. Ciudadanos, hombres con derechos y obligaciones. Después, los servicios, los lugares comunes, el tránsito, la afluencia, el movimiento. ¿En qué momento se pierde la noción de lo público? ¿En qué momento olvidamos al otro, al que marca la diferencia, al que nos invita a la reflexión?

Ciudad, en sí misma, encierra necesidades específicas y respuestas específicas. Evidente, obvio, que si un ciudadano no puede ver las señales luminosas, no puede leer el rojo de peligro, el pare, el siga, lo lógico sería que la información fuese posible leerla con el tacto. No sólo el tacto de las manos, con toda la piel, con el pie, con el bastón. Un andén con texturas, con rizados, superficies lisas o corrugadas, puede ser leído, puede ser cifrado, puede avisarle al que no ve, donde hay una rampa, una escalera, donde finaliza el andén, donde hay un borde, donde hay un teléfono público, una caseta o una obra. Los semáforos como cambian de luz, pueden cambiar de sonido, y el sonido igual que la luz indicará “alto” o “siga”.

Una calle con hombres y mujeres que se detengan a reconocer al otro, a su semejante, con la solidaridad a flor de piel. Buses con entradas y salidas al borde del andén, anchas, para coches de bebé, para sillas de ruedas, para carros de mercado o paquetes. Andenes libres, amplios, para que los niños jueguen, caminen y corran de la mano de los abuelos. Terminales, puertos, parques, calles, ciudades de todos y para todos, donde los pentatlonistas olímpicos sean unos cuantos y tengan sus estadios de práctica y los ciudadanos, ciudades reposadas y tranquilas.

Ciudades desde el amor, desde el otro borde, desde el otro, desde los ojos y las manos, desde los jardines. Ciudades desde el confort, ciudades que crezcan y se recreen en la diferencia, en el hombre que sueña, en la mujer que espera un bebé, en la vigilia de los abuelos, en los abrazos. Ciudades para ser leídas con las manos, con los pies, con los ojos o con los oídos, no importa, para ser leídas.

Ciudades para ser caminadas, recorridas, abrazadas, no importa si hay piernas o brazos. Ciudades para ser olfateadas. Ciudades para los besos y los juegos, para los atardeceres, para descubrir astros, para nombrar constelaciones, para esperar que amanezca.

Dean Lermen G

NUMERO PI

NUMERO PI

El cosmos permanece en expansión

la Tierra es geoidal y no redonda

los cánones de la circunferencia
son aproximativos y caóticos
porque la cifra pi es infinita
sin reglas en sus décimas eternas

aún no conocemos las razones
de Dios de la extinción de dinosaurios
y nunca hubo un eslabón perdido

la Relatividad esconde fallos

y la naturaleza se equivoca

la vida es inexacta

qué esperabas poeta?

mejorarla?

LUIS VICENTE MORA

ASERTIVIDAD

ASERTIVIDAD

Después de darse cuenta de uno mismo, para mí el recurso más importante es la capacidad de defender el lugar que ocupo y la persona que soy, la fuerza que me permite no dejar de ser el que soy para complacer a otros.

Me refiero a la capacidad que tiene cada uno de nosotros para afirmarse en sus decisiones, tener criterio propio y cuidar sus espacios de invasores y depredadores.

En psicología se llama asertiva a aquella persona que, en una reunión, cuando todos están de acuerdo en una cosa, puede decir, siendo sincero y sin enojarse: "Yo no estoy de acuerdo".
No estoy hablando de ser terco, estoy hablando de mostrar y defender mis ideas.

Estoy hablando también, por extensión, de la capacidad para poner límites, de la valoración de la intuición y de la validez de la propia percepción de las cosas. Estoy hablando de no vivir temblando ante la fantasía de ser rechazado por aquellos con los cuales no acuerdo.

Estoy hablando, finalmente, del coraje de ser quien soy.

Jorge Bucay

EL DESEO DE INDEPENDENCIA

EL DESEO DE INDEPENDENCIA

Las personas que toman decisiones sin miedos ni angustias se caracterizan por haber alcanzado una subjetividad firme y una maduración psicológica adecuada. Este proceso les conduce a desear su independencia.

-Toman partido por lo que consideran justo y no temen aceptar compromisos con otros después de sopesar sus posibilidades y sus deseos.

-Piensan que la opción que han elegido es la más adecuada. Por otra parte, si se equivocan son capaces de aceptar sus errores de buen grado.

-Disfrutan del presente y no le tienen miedo al futuro: confiar en el porvenir tiene mucho que ver con tener confianza en uno mismo.

-Aceptan opiniones ajenas, pero no son determinantes en su decisión.

-No suelen desconfiar de su pareja: confían en si mismos y en su capacidad.

-Se responsabilizan de sus decisiones porque se sienten dueños de su vida y creen que dominan, hasta cierto punto, sus impulsos y deseos. Si actúan, no es sólo porque tengan que hacerlo, sino porque quieren hacerlo.

-Soportan la crítica porque dependen más de su opinión más que de la externa.

Las teclas del piano

Las teclas del piano

Cuando suenan suaves vuelo
mis manos de melodías envuelvo
y mi mente se traslada de nuevo
a mundos mágicos de ensueño.

Si cierro los ojos las siento
saltando traviesas bajo los dedos
rebotando a cada tacto mío
de la piel rozando su cuerpo.

Blancas y negras, altas y bajas
sonidos amables de música santa
que sale contenta, tras esa mano
que manda en las teclas del piano.

buho

LA ROSA CÚBICA

LA ROSA CÚBICA

Pues el poema ocurre en tu cerebro
esta meditación de espacio y tiempo
sobre el solar desierto de la página
se escapa de las leyes geométricas
los versos se levantan del papel
hay otra coordenada no prevista
que quiebra sus dos simples diemnsiones
tiene contorno puro delimita
espacios ya sin límites de tiempo
sucede cada vez que se recuerda
que se toma el pael y se relee

el arte es una fe

hay una rosa cúbica en tu mente

la riegas con tu propio pensamiento

la perfección exacta

que nadie ha de robarte mientras creas.

Luis Vicente Mora

Transferencia

Transferencia

Después de todo, la muerte es una gran farsante.
La muerte miente cuando anuncia que se robará la vida,
como si se puediera cortar la primavera.
Porque al final de cuentas,
la muerte sólo puede robarnos el tiempo,
las oportunidades de sonreír,
de comer una manzana,
de decir algún discurso,
de pisar el suelo que se ama,
de encender el amor de cada día.
De dar la mano, de tocar la guitarra,
de transitar la esperanza.
Sólo nos cambia los espacios.
Los lugares donde extender el cuerpo,
bailar bajo la luna o cruzar a nado un río.
Habitar una cama, llegar a otra vereda,
sentarse en una rama,
descolgarse cantando de todas la ventanas.
Eso puede hacer la muerte.
¿Pero robar la vida?... Robar la vida no puede.
No puede concretar esa farsa... porque la vida...
la vida es una antorcha que va de mano en mano,
de hombre a hombre, de semilla en semilla,
una transferencia que no tiene regreso,
un infinito viaje hacia el futuro,
como una luz que aparta
irremediablemente las tinieblas.

Hamlet Lima Quintana

LA JOVEN DE LA PERLA

LA JOVEN DE LA PERLA

He repasado hace poco un libro que leí el verano pasado y que debido a mi afición por la pintura, me pareció fascinante. La joven de la perla. No por el título del cuadro, ni por el cuadro en si, sino por el tratamiento que le dan al mundo de los matices, del color, de la ensoñación del artista por pintar lo bello, machacado en ocasiones por la necesidad de vender alguno para poder subsistir.

Poco tiempo después ví la película que se presentó en el Festival de cine de San Sebastián. No pensaba que iba a gustarme tanto. Normalmente cuando leo un libro me adentro en las situaciones para poder captar mejor la esencia del mismo y pasa que cuando lo llevan al cine las imágenes, los momentos, no consiguen captar esa magia que me surge al interpretar como pueden ser los lugares, los olores, los tactos. Pero esta película me llegó dentro, muy dentro.

Para mí fue como soñar despierta. La trama narra la historia de una criada que va a servir a la casa del pintor holandés Johannes Vermeer, de lo que sucede en aquel lugar y de la marcha de Griet, así se llama la joven.

Los ambientes son exquisitos, como si se reflejarán en un cuadro, situaciones, lugares, deseos, sentimientos que se pueden palpar en el aire, angustias, miedos, alegrias.
Agradaba la delicadeza que se derrochaba en el estudio del pintor, asustaba el tenebrismo de la bodega donde dormía la joven, inquietaba la manera en que tenían de tratarla la mujer, la suegra y alguna hija del pintor...No sé, no pararía de definir los recuerdos que me viene cada vez que cierro los ojos.

Sensaciones y muy buenas, en el estudio, sobre todo en el estudio. Para mí el tramiento de la luz fue primordial, y muy acertados comentarios, por decir alguno: sobre el color de las nubes, o sobre la técnica para crear los pigmentos.

Para el pintor, fue muy significativo encontrar a una persona que supiese apreciar su trabajo, que no pensase en ganar dinero, o en la fama, sino simplemente en interesarse en sus cuadros, en que le preguntasen y poder expresar porque los realizaba de una manera o de otra. Claro está que a su mujer no le hizo nada de gracia que la relación con la criada fuese tan especial y la joven se tuvo que marchar de la casa.

No puedo dejar de pensar en la luz, esa que penetraba por las ventanas y terminaba pintada en los cuadros, retratada de pigmentos de color. Luz amarilla, suave y nacarada, reflejada en una exquisita perla, en los ojos que tiernos miraban, en el pincel que terminaba escupiéndola en el lienzo que agradecido terminaba repleto de esa energía que da vida.

La luz es belleza, que se refleja en los charcos, en las gotas de rocío sobre la hierba, en el alba y el anochecer. Es poesía. En pintura, es el alma del sueño del pintor. Es contraria a las sombras, pero sin luz no existirían. Es la belleza y la tristeza del ciego. La esperanza del enfermo que la recibe tibiamente postrado en su cama. El encanto del pequeño que la siente con un acceso de llanto y tiritonas.

Luz natural, artificial, reflejo, interior, de estrellas...¿quién da más que la luz?

buho

LA FORMA EXTERNA

LA FORMA EXTERNA

El viento no puede ser visto.
Tampoco un eco en las montañas.
Y, sin embargo, todo lo juzgamos
por su apariencia externa.

SHINKEI

LA VIDA

LA VIDA

Nuestra vida
es como una barca que desaparece
al caer la tarde,
cuya estela no tarda en borrarse.

SAMI MANSEI

El amor en William Shakespeare

El amor en William Shakespeare

Según Carlos Pujol

Pertenece el amor al territorio de la conjetura,
a un aparente misterio, que como la poesía
ha de tener vida propia en sí mismo
como la palabra.

¿Y si sólo aspirase a ser ingenio y música verbal
que se amplía sin agotarse en ecos y sugestiones
jamás explicadas por los sabios?
¿No serán puras ganas de lucirse,
vanidad que sutiliza hasta el delirio lugares comunes
y se envuelve en una hojarasca picante y hermosa
cuya única verdad sea la misma belleza de la expresión?

Amores tormentosos, sufrimientos y celos, reproches,
dulces y desesperadas hipérboles, desgarro y traición,
un hermoso laberinto de palabras ambiguas y equívocas,
de intrincadas alusiones que casi nunca es posible reproducir
en otras lenguas.
Una pose de melancolía incurable que encierra tras de sí
un bello decorado: cualquier obediencia literal
conduce necesariamente al absurdo
y al naufragio.

El amor tiene por pretexto una trama que posee
un vago aire de invención teatral,
como una comedia de las equivocaciones
en la que siempre se ama sin ser correspondido.

Buho:
Sobre este poema perteneciente al grupo de Sonetos de Shakespeare, Carlos Pujol realiza un estudio sobre la opción de sustituir palabras del mismo para descubrir sentidos ocultos al mismo. Sustituyendo la palabra "amor" por "soneto", es decir, imaginando que se habla de un soneto, encuentra un nuevo entorno al poema, en el que todo se reduce a una vanidad de poeta bien dotado, con suposiciones más o menos imaginativas, en la que es posible que la única verdad de Shakespeare fuese la belleza de expresión.

Lo que no sabemos, ni nadie sabe, sólo el poeta mismo si lo que nos cuenta es de veras o si el perfecto engaste de las palabras nos empuja a suponer de que se nos habla con el corazón en la mano. Quizá todo consiste en fingir y tratar de agradar al lector.

Bueno, el lector no piensa en estos menesteres, sólo en la dorada retórica que envuelve lo que lee.

Yo he de pensarlo, si el escribir supone el simple hecho de ver formado algo hermoso, crear belleza, o por el contrario me supone conseguir que la incorporeidad de las emociones que me embargan tomen forma y logre darles un sentido que me haga emocionarme nuevamente al plasmar en el papel y releer lo que sale de mi mente.

TU PUEDES

TU PUEDES

Aunque una y otra vez hayas errado,
también erraron cuantos han vencido;
cuanto más duro el golpe recibido
más honda la lección que habrá dejado.

Tú puedes rescatar, tu sueño hundido
como al bello tesoro más preciado,
así como del barro y sepultado
vuelve el loto a elevarse florecido.

Si el rumbo que una vez has elegido
palpita como un fuego esperanzado,
no dejes que se apague en el olvido.

Luchar, ya es medio triunfo conquistado,
que no importan las veces que has caído,
si después de caer te has levantado.

e. j. malinowski

EL MISTERIO DE LAS COSAS

EL MISTERIO DE LAS COSAS

El misterio de las cosas, ¿Dónde está?
Si apareciese, al menos
para mostrarnos que es misterio,
qué sabe de esto el río, ¿qué sabe el árbol?
Y yo, que no soy más, qué sé yo?
Siempre que veo las cosas
y pienso en lo que los hombres piensan de ellas,
río con el fresco sonido del río sobre la piedra.

El único sentido de las cosas
es no tener sentido oculto.
Más raro que todas las rarezas,
más que los sueños de los poetas
y los pensamientos de los filósofos,
es que las cosas sean lo que parecen ser
y que no haya nada que comprender.

Sí, eso es lo único que aprendieron mis sentidos:
las cosas no tienen significación, tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.

Fernando Pessoa

ODA

ODA

Para ser grande, sé entero: nada
tuyo exagera o excluye.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.
Así en cada lago la luna toda
brilla, porque alta vive.

Fernando Pessoa (Ricardo Reis)