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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2004.
 Las personas que toman decisiones sin miedos ni angustias se caracterizan por haber alcanzado una subjetividad firme y una maduración psicológica adecuada. Este proceso les conduce a desear su independencia. -Toman partido por lo que consideran justo y no temen aceptar compromisos con otros después de sopesar sus posibilidades y sus deseos. -Piensan que la opción que han elegido es la más adecuada. Por otra parte, si se equivocan son capaces de aceptar sus errores de buen grado. -Disfrutan del presente y no le tienen miedo al futuro: confiar en el porvenir tiene mucho que ver con tener confianza en uno mismo. -Aceptan opiniones ajenas, pero no son determinantes en su decisión. -No suelen desconfiar de su pareja: confían en si mismos y en su capacidad. -Se responsabilizan de sus decisiones porque se sienten dueños de su vida y creen que dominan, hasta cierto punto, sus impulsos y deseos. Si actúan, no es sólo porque tengan que hacerlo, sino porque quieren hacerlo. -Soportan la crítica porque dependen más de su opinión más que de la externa.  Después de darse cuenta de uno mismo, para mí el recurso más importante es la capacidad de defender el lugar que ocupo y la persona que soy, la fuerza que me permite no dejar de ser el que soy para complacer a otros. Me refiero a la capacidad que tiene cada uno de nosotros para afirmarse en sus decisiones, tener criterio propio y cuidar sus espacios de invasores y depredadores. En psicología se llama asertiva a aquella persona que, en una reunión, cuando todos están de acuerdo en una cosa, puede decir, siendo sincero y sin enojarse: "Yo no estoy de acuerdo". No estoy hablando de ser terco, estoy hablando de mostrar y defender mis ideas. Estoy hablando también, por extensión, de la capacidad para poner límites, de la valoración de la intuición y de la validez de la propia percepción de las cosas. Estoy hablando de no vivir temblando ante la fantasía de ser rechazado por aquellos con los cuales no acuerdo. Estoy hablando, finalmente, del coraje de ser quien soy. Jorge Bucay El cosmos permanece en expansión la Tierra es geoidal y no redonda los cánones de la circunferencia son aproximativos y caóticos porque la cifra pi es infinita sin reglas en sus décimas eternas aún no conocemos las razones de Dios de la extinción de dinosaurios y nunca hubo un eslabón perdido la Relatividad esconde fallos y la naturaleza se equivoca la vida es inexacta qué esperabas poeta? mejorarla? LUIS VICENTE MORA Oímos la palabra ciudad y ¿qué evocamos?, ¿qué imágenes vienen a la memoria? ¿Acaso la Torre Eiffel, el Obelisco, el Empire State, el Maracaná, la catedral de San Pedro, la calle Joung, la plaza de San Marcos? ¿Acaso avenidas, puentes, malecones, casas, parques, fuentes, murallas, ruinas? Ciudades que se pierden en la distancia y en el tiempo; urbes, metrópolis del ayer, rescatadas de las cenizas, del mar, de la selva o el olvido. Ciudades con rascacielos, avisos, colores y muchas luces. Pero olvidamos el origen, el punto de partida, porque más allá de todo eso, y más acá de esta página, ciudad no es nada distinto al hombre, al ser humano, a la necesidad de amparo, de protección, a la convivencia. Ciudad sin civilización, sin cultura, sin hombres y mujeres, no es posible. Las ciudades se inventan cada día, se construyen y se recrean cada año, época tras época. Las murallas, las ensenadas, los pantanos, fueron para la defensa; aldeas, pueblos y ciudades, junto a ríos o quebradas, para preservar la vida. Otras ciudades, se dibujaron, se trazaron en planos, se olvidaron a las gentes, a las personas, a los que deberían cruzar los insondables abismos repletos de autos, los laberínticos puentes, los escabrosos andenes, los escarpados edificios; por ir tras Dios en las alturas, perdimos la noción de humanidad. Ciudad, producto del bien común, de la suma de esfuerzos. En la antigua Grecia, todo era público, todos responsables de todos, del gobierno, de la administración, del cuidado y del bienestar general. Ciudadanos, hombres con derechos y obligaciones. Después, los servicios, los lugares comunes, el tránsito, la afluencia, el movimiento. ¿En qué momento se pierde la noción de lo público? ¿En qué momento olvidamos al otro, al que marca la diferencia, al que nos invita a la reflexión? Ciudad, en sí misma, encierra necesidades específicas y respuestas específicas. Evidente, obvio, que si un ciudadano no puede ver las señales luminosas, no puede leer el rojo de peligro, el pare, el siga, lo lógico sería que la información fuese posible leerla con el tacto. No sólo el tacto de las manos, con toda la piel, con el pie, con el bastón. Un andén con texturas, con rizados, superficies lisas o corrugadas, puede ser leído, puede ser cifrado, puede avisarle al que no ve, donde hay una rampa, una escalera, donde finaliza el andén, donde hay un borde, donde hay un teléfono público, una caseta o una obra. Los semáforos como cambian de luz, pueden cambiar de sonido, y el sonido igual que la luz indicará “alto” o “siga”. Una calle con hombres y mujeres que se detengan a reconocer al otro, a su semejante, con la solidaridad a flor de piel. Buses con entradas y salidas al borde del andén, anchas, para coches de bebé, para sillas de ruedas, para carros de mercado o paquetes. Andenes libres, amplios, para que los niños jueguen, caminen y corran de la mano de los abuelos. Terminales, puertos, parques, calles, ciudades de todos y para todos, donde los pentatlonistas olímpicos sean unos cuantos y tengan sus estadios de práctica y los ciudadanos, ciudades reposadas y tranquilas. Ciudades desde el amor, desde el otro borde, desde el otro, desde los ojos y las manos, desde los jardines. Ciudades desde el confort, ciudades que crezcan y se recreen en la diferencia, en el hombre que sueña, en la mujer que espera un bebé, en la vigilia de los abuelos, en los abrazos. Ciudades para ser leídas con las manos, con los pies, con los ojos o con los oídos, no importa, para ser leídas. Ciudades para ser caminadas, recorridas, abrazadas, no importa si hay piernas o brazos. Ciudades para ser olfateadas. Ciudades para los besos y los juegos, para los atardeceres, para descubrir astros, para nombrar constelaciones, para esperar que amanezca. Dean Lermen G La fresa es más exacta que la rosa la puedes disfrutar en tu interior la rosa es un retrato un bodegón naturaleza muerta si se corta la fresa es un paisaje con sus puntos de líquido amarillo sobre rojo como conchas de soles caracoles en arcilla esponjosa y sonrosada o débiles estrellas despuntando en el solar del cielo que atardece la rosa es gusto extático tan frío la fresa se hace forma entre tus dientes desenvolviendo a lágrimas su gusto y su belleza sabe a hielo dulce. LUIS VICENTE MORA No he aprendido nunca a silbar. Y, de verdad, os digo que me da una gran pena. Intentar, lo he intentado más de una vez, sobre todo cuando era niño, pero fue en vano, no me sale. Como mucho sería capaz de emitir algún sonido chapucero con la boca, pero silbar, nunca he aprendido a silbar. Los más viejos de la casa me han dicho que hace tiempo que era imprescindible saber silbar, cuando todavía no había timbres, ni tampoco teléfono. Al amigo también se le solía llamar desde la calle para que saliera de casa. Pero yo soy muy torpe silbando. El poeta clásico William Wordsworth solía relacionar la poesía con Silbar. Según él, escribir un poema y silbar son dos actividades muy parecidas. El poeta, decía Wordsworth, es como el niño que une las manos y emite el ulular del búho. El niño, tras estar ensayando en casa sólo de día, suele ir todas las noches al bosque a imitar el ulular del búho. Hará durante muchas noches el mismo recorrido y una noche, sin que él sepa, recibirá una pequeña sorpresa; le van a responder los búhos, los búhos pensarán que el niño no es un ser humano, sino uno de ellos. No hay mayor alegría que recibir la respuesta de los búhos, solía decir Wordsworth. E igual que el niño aprende a ulular como el búho el poeta debe aprender también a escribir, hasta lograr la “autenticidad”. Entonces, es cuando se “fusionará” con el mundo. Kirmen Uribe El árbol estaba tan lleno de manzanas que sus ramas no se podían mecer con el viento. ¿Por qué no haces ruido? Al fin y al cabo, todos tenemos nuestra vanidad, y queremos llamar la atención de los demás -dijo el bambú. -No hace falta. Mis frutos son mi mejor reclamo -respondió el manzano.  Miraba como hacían flores con globos con globos de preciosos colores. Miró su rostro cansado mientras estaba sentado en el banco. Él la miró y se levantó. Ahora ella mira la margarita todas las noches antes de meterse en la cama.  A veces llevamos las manos atadas a la espalda. No podemos caminar y caemos como peces en la red de un barco negro. A menudo tenemos los ojos tapados por una venda. No podemos ver y nos retorcemos como perros mojados por el agua. Siempre que no queremos, sin saberlo, perdemos algo, y sin tregua caemos en el abismo del pensamiento como pájaros atrapados en su nido. Nunca pensamos que nos puede pasar a nosotros. El dolor que arrastramos por dentro jamás emprende libre el vuelo. Tarde es la vida que guarda la faz del mundo. Pronto el único momento de saberlo. Kepa Murua del libro Las manos en alto La calma, el peso del origen donde la concesión es humana. Una flor oscura como la furia cuando hay hambre y la sed con su brusca acometida avanza allí donde los sueños perdieron la noción del tiempo. Tal vez sea la duda el eterno dilema que en calma desaparece. Kepa Murua del libro Las manos en alto. El parabrisas del coche estaba firmado. Un papel amarillo y arrugado de una ciudad en la que no estaba. Sorpresa, duda, extrañeza hasta que decidió darle la vuelta. Él había pasado por allí y se le ocurrió dejar la nota en el cristal. Se quedó mirándola con los ojos llenos de lágrimas suave, increíblemente tierno sólo dos palabras, dos: Te quiero.  Nuestras actitudes en todo lo que pensamos, decimos y hacemos, repercutirán siempre en nuestra actitud emotiva, por ende con quienes interactuamos. Cuando un ganador comete un error, dice: "Yo me equivoqué", y aprende del error. Cuando un perdedor comete un error, dice: "No fue mi culpa". Un ganador trabaja fuerte e inteligentemente, y aún así tiene más tiempo. Un perdedor está siempre muy ocupado para hacer lo que es necesario. Un ganador enfrenta, razona y supera el problema. Un perdedor le da vueltas y nunca logra pasarlo. Un ganador se compromete y actúa en consecuencia. Un perdedor hace promesas pero no actúa y saca disculpas para no hacerlo Un ganador dice ante una tarea concluida: "Soy bueno, pero puedo hacerlo muchísimo mejor". Un perdedor dice: "Yo no soy tan malo como muchas otras personas". Un ganador escucha, comprende y responde proactivamente. Un perdedor sólo espera hasta que le toque su turno para hablar y es reactivo a lo que los demás dicen. Un ganador respeta y escucha a todas las personas y aprende de ellas. Un perdedor se resiente con los que saben más que él y trata de encontrarles sus defectos. Un ganador se siente responsable por algo más que su trabajo. Un perdedor no colabora y siempre dice: Yo estoy cumpliendo con mi trabajo. Un ganador comparte este mensaje con sus amigos. Un perdedor lo guarda sólo para sí mismo.  Se desliza la mano sobre el papel como no lo hacía en uno, dos meses y divina, vuelve a soñar realizando dibujos la mente. De gotas de rocío sobre rosas, de eternos y largos amaneceres saltando de las flores al suelo salpicado de tierna hierba verde. Como el crepitar del rojo fuego y el rayo que asustado truena el reflejo del ánima y luego el roce de una piel que quema. El sentido de la vida es alma del que cada uno ha de quererse, se desliza la mano sobre el papel como no lo hacía en uno, dos meses. buho He visto unos elefantes creo que eran cinco. Estaban atados con cadenas sin poder moverse. No volveré a ir al circo. buho Autodependencia es, para mí, sinónimo de salud mental. Del afuera necesito, por ejemplo, aprobación. Todos necesitamos aprobación. Pero cuando tenía cinco años, la única persona que me podía dar aprobación era mi mamá. No había ninguna otra persona que pudiera reemplazarla. Una vez adulto, me di cuenta que si ella no me daba aprobación otra persona podría hacerlo. Puede suceder que algunas de las cosas que yo creo o disfruto, a mi esposa, con la que vivo hace veintisiete años, no le gusten... Pero lo que debo hacer no es romperlas porque a ella no le gustan. Quizás a otros sí les gusten. Quizás pueda compartirlas con otra persona. Quizás pueda aceptar que es suficiente con que me gusten a mí. El hecho concreto de que a mí no me interese para nada el realismo mágico no quiere decir que mi esposa deba dejar de leer a su autor preferido. En el peor de los casos, si ella quiere mantener conversaciones sobre los autores que le interesan y yo ni siquiera soporto hablar del tema, deberá buscarse otra persona con quien compartir esas inquietudes. Podrá ir a ver las películas de Richard Gere con alguien que no sea yo si es que a mí no me interesa Richard Gere. No tendrá por qué someterse al martirio de acompañarme a la ópera si no le gusta, porque siempre puedo solo o invitar a Miguel o a Lita, a quienes sé que les gusta. Esto significa ser autodependiente. Autodependencia significa contestarse las tres preguntas existenciales básicas: Quién soy, adónde voy y con quién. Pero asistir a este proceso primero contestar a estas preguntas en orden y con plena conciencia de lo que estoy haciendo, así es el camino del crecimiento. Jorge Bucay Hablando con unos amigos pronuncíe la palabra orondo. Divertido, quizás gracioso me resultó el comentario. ¿Es que el escritor se expresa como escribe o sin saberlo aplica a su diálogo esas palabras que sin rebuscar acuden a la mente haciéndola volar? buho Conformar quiere decir adaptarse a una nueva forma y también adoptar una cosa la forma de otra. Es decir que conformarse tiene que tener dos significados: uno fuerte y constructivo y otro oscuro y destructivo. La manera positiva se llama aceptación y la negativa resignación. Uno se puede conformar aceptando las cosas como son, o puede conformarse resignándose a que las cosas sean como son. Cuando acepto, digo: "Esto es así, cómo hago para seguir adelante con esta realidad". En cambio, cuando me resigno, lo que hago es apretar los dientes y cagarme en lo más barrido. Esta diferencia se basa en que el conformismo de la aceptación implica la serenidad de la ausencia de urgencias para el cambio, mientras que el conformismo de la resignación implica forzarse a quedarse anclado en la bronca, diciendo que acepto lo que sucede cuando en realidad sólo estoy agazapado esperando la situación y las condiciones para saltar sobre el hecho y cambiarlo, o postergando la demostración de mi enojo. Lo cierto es que la aceptación es un camino deseable y la resignación no lo es. Cada uno tenemos las herramientas para buscar el camino correcto, están ahí, hay que buscar como usarlas y dirigir su uso. Con un martillo, un serrucho, clavos, tornillos, maderas y metales, se puede construir una casa pero también se puede construir una horca. El objetivo es personal; la herramienta da la posibilidad, pero la intencionalidad de quien la usa es lo que vale. Jorge Bucay Es un pequeño ratón al que le encantan los macarrones que puede dormirse en mis brazos y despertar en ellos también. Incansable caminante no para de interrogar para aprender, para saber ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? De rizos su mente cubierta, sus iris de verde satén, naricita chatita y redonda y sus labios de fresa pastel. Corriendo a todos los lados me obliga a ir tras de él escudriñando por los rincones sueños,deseos y más,¡yo que sé! Envuelto en sábanas está ahora durmiendo en su cama, mi bien mañana querrá ser mayor de nuevo mi niño, mi cielo, mi dulce de miel. buho Por cada mujer que está cansada de actuar con debilidad aunque se sabe fuerte, hay un hombre que esta cansado de parecer fuerte cuando se siente vulnerable. Por cada mujer que está cansada de actuar como una tonta hay un hombre que está agobiado por la exigencia constante de "saberlo todo". Por cada mujer que está cansada de ser calificada como "hembra emocional" hay un hombre a quien se le ha negado el derecho a llorar y a ser delicado. Por cada mujer catalogada como poco femenina cuando compite hay un hombre para quien la competencia es la única forma de demostrar que es masculino. Por cada mujer que está cansada de ser un objeto sexual, hay un hombre preocupado por su impotencia sexual. Por cada mujer que se siente "atada" por sus hijos hay un hombre a quien le ha sido negado el placer de la paternidad. Por cada mujer que no ha tenido acceso a un trabajo satisfactorio y salario justo, hay un hombre que debe asumir toda la responsabilidad económica de otro ser humano. Por cada mujer que desconoce los mecanismos de un automóvil hay un hombre que no aprendió los placeres del arte de cocinar. Por cada mujer que da un paso hacia su propia liberación hay un hombre que descubre que el camino a la libertad se ha hecho un poco más fácil. Clara Coria
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