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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2004.
 Hoy por la mañana he ido a pasear con un libro del cual me faltaban pocas hojas por terminar. En el camino que recorría he reparado en un hermoso árbol, un roble en medio de un prado verde de altísima hierba, como de cuento, con los primeros destellos de calor de la mañana iluminándolo todo, bruma que se despeja y esa mezcla de temblor y tranquilidad que llena el alma. Aunque el terreno es pendiente, decido acercarme al roble. Subo corriendo, disfrutando de cada salto que doy. La hierba se halla húmeda de rocío que me moja las piernas y los pies; no me importa porque quiero terminar mi lectura junto al solitario árbol. Me siento a su vera y lo contemplo. Es fuerte, vigoroso y a través de sus frondosas ramas veo el azul del despejado cielo. Pero, a pesar de lo que pensaba, el árbol no está sólo; su tronco se ha dividido y dos son los brotes que me cobijan. Por su superficie sube una gran enredadera dando vueltas, serpenteando como una culebra, dejando caer sus pequeñas hojas en desorden. Pájaros saltando de rama en rama, cantarines. Telarañas colgando con arañas escondidas y en el suelo, sentada, rodeada de diminutos retoños del roble brotando de la fértil tierra, leo tranquila. El sol está a mi espalda, proyectando su tenue luz matutina sobre la alta hierba que se balancea con miedo, pero con firmeza. Veo su sombra en mi libro y por un momento me asusto, pero al observar lo que me inquieta, mi ser se llena de una extraña serenidad, provocada por la emoción de amar ese instante. Al terminar la última hoja de CIEN AÑOS DE SOLEDAD, reflexiono sobre la tristeza de los protagonistas de la historia y también sobre la de otras muchas personas que no aprecian la belleza de la vida; ¡y es que no hace falta nada especial para sentirse mejor con lo que tienes!, sino saberlo querer y disfrutar hasta el fondo como el roble en el prado. ¡Ojalá que todos lograsen amar lo que poseen! Porque aunque pienses que es poco para ti, es tu mundo y es lo que llena tu vida y que los momentos de soledad, bien aceptados son muy bellos, pudiendo dar frutos maravillosos para compartir con los demás, frutos de confianza, de amistad y sobre todo de aceptación de uno mismo.  Esta historia tiene algo de noche; es oscura y, sin embargo, rica en imágenes; debería desembocar en una luz, débil y suave. Cuando lleguemos al alba, estaremos liberados, habremos envejecido una noche, larga y penosa, un medio siglo y algunas hojas blancas dispersas en el patio de mármol blanco de nuestra casa de recuerdos. Algunos de vosotros os veréis tentados a habitar esta nueva morada o, al menos, a ocupar ahí un pequeño espacio de las dimensiones de su cuerpo. Lo sé, será grande la tentación de olvidar: es una fuente de agua pura a la que no hay que acercarse bajo ningún pretexto, pese a la sed. Es un desierto. Va a ser preciso caminar con pies desnudos sobre la arena ardiente, caminar y callarse, creer en el oasis que se perfile en el horizonte y que no cesa de avanzar hacia el cielo, caminar y no volverse para no ser arrastrado por el vértigo. Nuestros pasos inventan el camino, a medida que avanzamos. Entonces, miraremos siempre adelante y confiaremos en nuestros pies. Nos llevarán tan lejos que nuestras mentes creerán en esta historia. Tahar Ben Jelloun He admirado amapolas, el sol sobre mi piel, el aire acariciando mi cara, un abrazo de mi hijo, mi gente tiene salud, reconocimiento, mi pareja me demuestra su amor, puedo caminar, he visto ovejas, comida con amigos, una llamada de mi padre, cansancio debido al esfuerzo, ahora descanso por un momento. Abundancia. Necesito expresar lo que siento. No me importa lo que piensen de mí. Alegría mezclada con tristeza. Descubro el porque de muchos sentimientos. El porque de mi manera de ser. El porque no me quería a mi misma. El porque quería sufrir. Hace días que estoy despierta. Hace días que digo adios a muchos comportamientos. Extraña telaraña que retuvo gotas de rocío que quisieron caer sobre verde hierba mecida por el triste y suave viento, que me hizo crecer demasiado cuando tenía que haber sido niña, que borró ilusiones y sueños retenidos entre melancolía. Se rasga la tela sintiendo alegría, cada mañana, cada día, recuperando mis perdidos anhelos, logrando, hallando vida. BUHO Nacemos para ser dichosos; es nuestro derecho de nacimiento. Pero la gente es tan estúpida que ni siquiera reclama su derecho de nacimiento. Se interesan más por lo que poseen los demás y empiezan a correr detrás de esas cosas. Nunca miran dentro, nunca buscan en su propia casa. La persona inteligente comenzará la búsqueda desde su ser interno –ése será el primer lugar a explorar-, porque a menos que sepa lo que tengo dentro, ¿cómo puedo ir buscando por el mundo?; es un mundo tan grande. Y los que han mirado dentro, lo han encontrado instantáneamente, inmediatamente. No se trata de un progreso gradual, es un fenómeno repentino, una iluminación repentina. RABIYA Y EL ACERTIJO DE LA AGUJA PERDIDA He oído hablar de una gran mística sufí, Rabia al-Adawia. Una noche, la gente le encontró sentada en la carretera buscando algo. Era una mujer mayor, tenía los ojos débiles y apenas podía ver. Por eso los vecinos vinieron a ayudarla. Le preguntaron: - ¿Qué buscas? -Esa cuestión es irrelevante- dijo Rabiya-, estoy buscando. Si podéis ayudarme, hacedlo. Se rieron y dijeron: -Rabia, ¿te has vuelto loca? Dices que nuestra pregunta es irrelevante, pero si no sabes lo que estás buscando, ¿cómo podemos ayudarte? Rabiya dijo: -De acuerdo. Sólo por satisfaceros os diré que estoy buscando mi aguja; he perdido mi aguja. Ellos empezaron a ayudarla, pero enseguida se dieron cuenta de que el camino era inmensamente ancho y la aguja era una cosa muy pequeña. Por tanto, preguntaron a Rabiya: -Por favor, dinos dónde la has perdido, el lugar exacto y preciso. Si no es muy difícil. El camino es muy grande y podríamos estar buscando eternamente. ¿Dónde la perdiste? -Otra vez planteáis una pregunta irrelevante- dijo Rabiya; ¿qué tiene eso que ver con mi búsqueda? Se detuvieron y dijeron: -¡Ahora estamos seguros de que te has vuelto loca! -De acuerdo- dijo Rabiya-; para satisfaceros os diré que la he perdido en mi casa. -Entonces, ¿por qué estás buscándola aquí?- le preguntaron. Y se comenta que Rabiya contestó: -Porque aquí hay luz y adentro no. El Sol se estaba ocultando y aún quedaba algo de luz en el camino. Esta parábola es muy significativa. ¿Te has preguntado alguna vez qué estás buscando? ¿Has convertido alguna vez la cuestión de qué estás buscando en objeto de tu meditación profunda? No. Incluso si en algunos momentos, momentos de sueño, tienes una intuición de los que estás buscando, nunca es muy preciso, nunca es muy exacto. Aún no lo has definido. Si tratas de definirlo, cuanto más definido esté, menos sentirás la necesidad de buscarlo. La búsqueda sólo puede continuar en un estado de vaguedad, en un estado onírico; cuando las cosas no están claras, simplemente sigues buscando. Empujado por algún impulso interno, llevado por algún apremio interno, hay una cosa que sabes: tienes que buscar. Es una necesidad interna. Pero no sabes qué buscas. Y a menos que sepas lo que estás buscando, ¿cómo vas a encontrarlo? Es algo vago; piensas que está en el dinero, en el poder, en el prestigio, en la respetabilidad. Pero después ves personas respetables, personas poderosas, que también están buscando. Buscan hasta el final de sus vidas. Por lo tanto, la riqueza no va a ser de ayuda, el poder no va a ser de ayuda. La búsqueda continúa a pesar de lo que tienes. Debes estar buscando alguna otra cosa. Esos nombres, esas etiquetas –dinero, poder, prestigio- son sólo para satisfacer la mente. Son sólo para ayudarte a sentir que estás buscando algo. Ese algo aún es indefinido, es una sensación muy vaga. La primera cosa para el buscador real, para el buscador que está un poco alerta, consciente, es definir la búsqueda; formular un concepto claro de ella, de lo que es; sacarla de la conciencia de sueño; mirarla directamente, afrontarla. Inmediatamente empieza a ocurrir una transformación. Si empiezas a definir tu búsqueda, empiezas a perder interés en ella. Cuanto más la defines, menos hay allí. Una vez que sabes claramente de qué se trata, de repente desaparece. Sólo existe cuando no estás atento. Deja que lo repita: la búsqueda sólo existe cuando duermes; la búsqueda sólo existe cuando no eres consciente. La inconsciencia crea la búsqueda. Sí, Rabiya tiene razón. Dentro no hay luz. Y como dentro no hay luz ni conciencia, es lógico que sigas buscando fuera; porque fuera parece haber más claridad. Nuestros sentidos son completamente extravertidos. Los ojos se abren hacia fuera, las piernas se mueven hacia fuera, los oídos escuchan los ruidos externos, los sonidos. Todo lo que está a tu disposición se abre hacia fuera; los cinco sentidos se abren de manera extravertida. Empiezas a buscar donde ves, sientes, tocas; la luz de los sentidos te lleva fuera. Y el buscador está dentro. Esta dicotomía tiene que ser comprendida. El buscador está dentro, pero como la luz está fuera, el buscador empieza a moverse de manera ambiciosa, tratando de encontrar algo de fuera que sea satisfactorio. Y nunca va a ocurrir. Nunca ha ocurrido. No puede ocurrir en la naturaleza de las cosas porque, a menos que hayas buscado al buscador, toda tu búsqueda carece de sentido. A menos que llegues a saber quién eres, todo lo que buscas es fútil, porque no conoces al buscador.. Sin conoces al buscador ¿cómo puedes avanzar en la verdadera dimensión, en la verdadera dirección? Es imposible. Primero hay que tener en cuenta lo primero. Si has parado toda búsqueda y de repente te ha dado cuenta de que sólo hay una cosa que saber: ¿Quién es este buscador en mí? ¿Qué es esta energía que quiere buscar? ¿Quién soy yo?, entonces se produce una transformación. Todos los valores cambian de repente. Empiezas a moverte hacia dentro. Entonces ya no se sienta Rabiya en el camino buscando una aguja que se ha perdido en alguna parte en la oscuridad de su propia alma. Una vez que te empieza a mover hacia dentro. ..Al principio está muy oscuro; Rabiya tiene razón. Es muy oscuro, porque durante vidas enteras nunca has estado dentro; tus ojos han estado orientados hacia el mundo interior. ¿Lo has observado? A veces, cuando entras en casa desde el exterior, donde el sol pega tan fuerza y la luz es muy brillante..., cuando de repente entras y la luz es muy brillante... cuando de repente entras, la casa está muy oscura, porque los ojos están enfocados en la luz externa. Cuando hay mucha luz, las pupilas encogen,. En la oscuridad, los ojos se tienen que relajar. Pero si te sientas un rato, poco a poco la oscuridad desaparece. Hay más luz; tus ojos se están adaptando. Durante muchas vidas has estado fuera, al calor del sol, en el mundo; por eso cuando entras dentro has olvidado completamente cómo reajustar los ojos. La meditación no es más que un reajuste de tu visión, de tus ojos. Y si sigues mirando dentro – se requiere tiempo – gradualmente, lentamente, empiezas a sentir que dentro hay una luz preciosa. Pero no es ninguna luz agresiva; no es como la del Sol; se parece más a la de la Luna. No brilla, no deslumbra, es muy fresca; no es caliente, es muy compasiva, es un calmante, es un bálsamo. Poco a poco, cuando hayas ajustado la luz interior, verás que eres la misma fuente. El buscador es lo buscado. Entonces verás que el tesoro está dentro y que el único problema era que estabas buscándolo fuera. Estabas buscándolo un algún lugar externo, y siempre ha estado dentro de ti. Estabas buscando en la dirección equivocada: eso es todo.  Estaba creando el artículo anterior y me distrajeron los trinos de los pájaros. Miré por la ventana y allí estaban dos gorriones. Una cría y su progenitor. El pequeño con el plumón blanco todavía en su pecho solicitaba sustento piando, exigiendo una miga del trozo de pan que estaba en el suelo. Movía sus alitas persiguiendo a su madre a través de todo el balcón. De vez en cuando ella se agachaba y ofrecía ese cachito que a su hijo le parecía el más exquisito manjar y que le hacía abrir la boca desesperado a fin de tragar la comida. Dos gorriones, nada más.... dos gorriones.  Lugar lleno de inmundicia, basura y desperdicios. Ambiente extraño sufriendo desazón. Desasosiego, tristeza. Flotando en el aire, encantadoras pelusas blancas navegando en el espacio que no se puede definir. Ellas lo marcan envolviendo los cuerpos ilusionados que observan y esquivan los informes elementos que continuan volando. En un rincón se agrupan en el suelo formando una blanca capa que parece reciente nieve bandeada ante los embates del viento. Como una cama blanda que los pies aplastan bajo su andar. Se adhieren como si hubiese pegamento, pero en realidad es mugre negra, que se oculta ante los albos algodones. Incluso entre la suciedad, hay belleza. buho Una maraña de perlas fue tu cuna, pequeña, perlas que se ofrecieron a la luz explorando tu cuerpo la vereda y tu mente, los caminos de tul. Te sentías por las cargadas ramas con anillos, el definido color expuesto ante las curiosas ranas fragancias sublimes, suave olor. Sueños de arcoiris entre almohadas de seda. Sueños inexactos, verde, blanco, azul obligados a fundirse en hermosa trenza que de pronto se abre, emergiendo tú. A los que te miran, miras cantando y por unos días, ofreces tierno amor pequeña y adorada vida, tan hermosa visión dulce y admirada, mariposa. buho Me encantan las amapolas. Creo que ya es un secreto a voces. Era uno de mis temas pendientes, sentarme entre ellas, ser una más. Siempre me he preguntado por qué me han gustado desde que era niña; quizá porque las veía libres, apareciendo por aquí y allá por los verdes campos. Quizá porque las he comparado muchas veces con las flores de los jardines, a las que cuidan, podan, riegan, abonan... Las amapolas crecen contra la inclemencia del tiempo, ante el viento que arrastra sus débiles pétalos al suelo, contra los pesticidas que echan para que el trigo crezca fuerte... Y si las arrancas del suelo que las nutre, en segundos,se mueren. El año pasado me prometí que cumpliría mi sueño. En un cruce de caminos, en pleno mes de marzo, encontré tres entre hierbas que las ahogaban.... Hace poco menos de un mes, dando un paseo una buena cantidad muy cerca de mi casa... Y hace dos semanas, con mi familia fuí a buscarlas. Y las encontré a mares, junto al trigo me senté entre ellas, envuelta en capa roja deliciosa, rodeando con mis brazos esas preciosas amapolas... cumpliendo otro de mis sueños. Uno más. Me presento: Soy Buho. buho Hace frío. Es de noche. La lluvia ha cubierto todo con un manto de transparentes gotas de agua que con la luz, asemejan pequeños diamantes de luz. Tiene los ojos cerrados, se ha detenido a descansar. Se está planteando cómo va a volver a casa. Sus delgadas piernas apenas le mantienen en pie. Inicia de nuevo su andar tambaleándose, luchando por sujetar el equilibrio, el maldito equilibrio que se empeña en llevarlo de un extremo a otro de la acera como si fuera una peonza. Han avisado a los municipales que, al ver su deplorable estado, deciden llevarle a su domicilio. Por el camino, una lucha continua; él pretende demostrar seguridad mientras que los que a su lado le acompañan intentan sujetarle a fin de que no se caiga al suelo. Comienzan a hacerle un sinfín de preguntas: que dónde vive, que si está sólo, que cuántos años tiene..... Años, casi ochenta y toda una vida que ahora le pasa cuenta; apenas puede hablar después del alcohol ingerido. Llegan hasta el portal de la casa y allí, a pesar del ofrecimiento de Jon y Leire, se niega a que le ayuden a ir hasta la puerta. Mientras observan cómo intenta subir las escaleras a trompicones, Leire le dice a Jon que se case, que busque pareja. Y el soltero le responde: ¡Qué triste es tener que hacerlo porque te sientas sólo! Lo bonito es saber que el amor ha venido a tu vida sin buscarlo. buho "Yo soy", dice la luz. Sin predicado alguno. Es la pura existencia: el acto de existir en que todo se apoya; la fuente de la vida -más que el agua- que asume todo origen. Sueña el pintor, sediento, su pintura. Se empapa en aires, se embebe en lontananzas. De aquellos sueños queda lo mejor y más cierto: el otoño del tiempo los depura; la primavera de la ensoñación los enjoya; el invierno de la distancia los afila; el verano del amor los enardece. Y son todo luz ya: luz libre, luz no esquiva, serena y más gozosa, más gozosa y serena cada día. Cualquier pretexto basta para su danza y su canción. Antonio Gala..................... Luz que nunca se abate, como polvo en los labios. Vicente Aleixandre..................... Que estos ojos les valgan a los pobres de luz... Pedro Salinas..................... De luz y sombras soy y quiero darme a los dos. José María Gabriel y Galán..................... Arde la zarza adusta en la hoguera de amor, y entre la zarza eleva su canto el ruiseñor. Ramón María del Valle-Inclán..................... ¿Qué fue sino claridad que cuando más encendida fue amatada? Jorge Manrique..................... El Sol le envuelve en fúlgida aureola. José Santos Chocano..................... El ciego Sol se estrella en las duras aristas de las armas, llaga de luz los petos y espaldares y flamea en la punta de las lanzas. Manuel Machado..................... Como un pulso que golpea las tinieblas. Gabriel Celaya..................... La sombra, el eclipse, la fotosíntesis, el alba, un ocaso, los pigmentos del lienzo reventando, el brillo y el reflejo en la pupila, sin luz, ¿dónde está la vida? buho Para ser grande, sé entero: nada tuyo exagera o excluye. Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas. Así en cada lago la luna toda brilla, porque alta vive. Fernando Pessoa (Ricardo Reis) El misterio de las cosas, ¿Dónde está? Si apareciese, al menos para mostrarnos que es misterio, qué sabe de esto el río, ¿qué sabe el árbol? Y yo, que no soy más, qué sé yo? Siempre que veo las cosas y pienso en lo que los hombres piensan de ellas, río con el fresco sonido del río sobre la piedra. El único sentido de las cosas es no tener sentido oculto. Más raro que todas las rarezas, más que los sueños de los poetas y los pensamientos de los filósofos, es que las cosas sean lo que parecen ser y que no haya nada que comprender. Sí, eso es lo único que aprendieron mis sentidos: las cosas no tienen significación, tienen existencia. Las cosas son el único sentido oculto de las cosas. Fernando Pessoa Aunque una y otra vez hayas errado, también erraron cuantos han vencido; cuanto más duro el golpe recibido más honda la lección que habrá dejado. Tú puedes rescatar, tu sueño hundido como al bello tesoro más preciado, así como del barro y sepultado vuelve el loto a elevarse florecido. Si el rumbo que una vez has elegido palpita como un fuego esperanzado, no dejes que se apague en el olvido. Luchar, ya es medio triunfo conquistado, que no importan las veces que has caído, si después de caer te has levantado. e. j. malinowski Según Carlos Pujol Pertenece el amor al territorio de la conjetura, a un aparente misterio, que como la poesía ha de tener vida propia en sí mismo como la palabra. ¿Y si sólo aspirase a ser ingenio y música verbal que se amplía sin agotarse en ecos y sugestiones jamás explicadas por los sabios? ¿No serán puras ganas de lucirse, vanidad que sutiliza hasta el delirio lugares comunes y se envuelve en una hojarasca picante y hermosa cuya única verdad sea la misma belleza de la expresión? Amores tormentosos, sufrimientos y celos, reproches, dulces y desesperadas hipérboles, desgarro y traición, un hermoso laberinto de palabras ambiguas y equívocas, de intrincadas alusiones que casi nunca es posible reproducir en otras lenguas. Una pose de melancolía incurable que encierra tras de sí un bello decorado: cualquier obediencia literal conduce necesariamente al absurdo y al naufragio. El amor tiene por pretexto una trama que posee un vago aire de invención teatral, como una comedia de las equivocaciones en la que siempre se ama sin ser correspondido. Buho: Sobre este poema perteneciente al grupo de Sonetos de Shakespeare, Carlos Pujol realiza un estudio sobre la opción de sustituir palabras del mismo para descubrir sentidos ocultos al mismo. Sustituyendo la palabra "amor" por "soneto", es decir, imaginando que se habla de un soneto, encuentra un nuevo entorno al poema, en el que todo se reduce a una vanidad de poeta bien dotado, con suposiciones más o menos imaginativas, en la que es posible que la única verdad de Shakespeare fuese la belleza de expresión. Lo que no sabemos, ni nadie sabe, sólo el poeta mismo si lo que nos cuenta es de veras o si el perfecto engaste de las palabras nos empuja a suponer de que se nos habla con el corazón en la mano. Quizá todo consiste en fingir y tratar de agradar al lector. Bueno, el lector no piensa en estos menesteres, sólo en la dorada retórica que envuelve lo que lee. Yo he de pensarlo, si el escribir supone el simple hecho de ver formado algo hermoso, crear belleza, o por el contrario me supone conseguir que la incorporeidad de las emociones que me embargan tomen forma y logre darles un sentido que me haga emocionarme nuevamente al plasmar en el papel y releer lo que sale de mi mente.  Nuestra vida es como una barca que desaparece al caer la tarde, cuya estela no tarda en borrarse. SAMI MANSEI El viento no puede ser visto. Tampoco un eco en las montañas. Y, sin embargo, todo lo juzgamos por su apariencia externa. SHINKEI He repasado hace poco un libro que leí el verano pasado y que debido a mi afición por la pintura, me pareció fascinante. La joven de la perla. No por el título del cuadro, ni por el cuadro en si, sino por el tratamiento que le dan al mundo de los matices, del color, de la ensoñación del artista por pintar lo bello, machacado en ocasiones por la necesidad de vender alguno para poder subsistir. Poco tiempo después ví la película que se presentó en el Festival de cine de San Sebastián. No pensaba que iba a gustarme tanto. Normalmente cuando leo un libro me adentro en las situaciones para poder captar mejor la esencia del mismo y pasa que cuando lo llevan al cine las imágenes, los momentos, no consiguen captar esa magia que me surge al interpretar como pueden ser los lugares, los olores, los tactos. Pero esta película me llegó dentro, muy dentro. Para mí fue como soñar despierta. La trama narra la historia de una criada que va a servir a la casa del pintor holandés Johannes Vermeer, de lo que sucede en aquel lugar y de la marcha de Griet, así se llama la joven. Los ambientes son exquisitos, como si se reflejarán en un cuadro, situaciones, lugares, deseos, sentimientos que se pueden palpar en el aire, angustias, miedos, alegrias. Agradaba la delicadeza que se derrochaba en el estudio del pintor, asustaba el tenebrismo de la bodega donde dormía la joven, inquietaba la manera en que tenían de tratarla la mujer, la suegra y alguna hija del pintor...No sé, no pararía de definir los recuerdos que me viene cada vez que cierro los ojos. Sensaciones y muy buenas, en el estudio, sobre todo en el estudio. Para mí el tramiento de la luz fue primordial, y muy acertados comentarios, por decir alguno: sobre el color de las nubes, o sobre la técnica para crear los pigmentos. Para el pintor, fue muy significativo encontrar a una persona que supiese apreciar su trabajo, que no pensase en ganar dinero, o en la fama, sino simplemente en interesarse en sus cuadros, en que le preguntasen y poder expresar porque los realizaba de una manera o de otra. Claro está que a su mujer no le hizo nada de gracia que la relación con la criada fuese tan especial y la joven se tuvo que marchar de la casa. No puedo dejar de pensar en la luz, esa que penetraba por las ventanas y terminaba pintada en los cuadros, retratada de pigmentos de color. Luz amarilla, suave y nacarada, reflejada en una exquisita perla, en los ojos que tiernos miraban, en el pincel que terminaba escupiéndola en el lienzo que agradecido terminaba repleto de esa energía que da vida. La luz es belleza, que se refleja en los charcos, en las gotas de rocío sobre la hierba, en el alba y el anochecer. Es poesía. En pintura, es el alma del sueño del pintor. Es contraria a las sombras, pero sin luz no existirían. Es la belleza y la tristeza del ciego. La esperanza del enfermo que la recibe tibiamente postrado en su cama. El encanto del pequeño que la siente con un acceso de llanto y tiritonas. Luz natural, artificial, reflejo, interior, de estrellas...¿quién da más que la luz? buho Después de todo, la muerte es una gran farsante. La muerte miente cuando anuncia que se robará la vida, como si se puediera cortar la primavera. Porque al final de cuentas, la muerte sólo puede robarnos el tiempo, las oportunidades de sonreír, de comer una manzana, de decir algún discurso, de pisar el suelo que se ama, de encender el amor de cada día. De dar la mano, de tocar la guitarra, de transitar la esperanza. Sólo nos cambia los espacios. Los lugares donde extender el cuerpo, bailar bajo la luna o cruzar a nado un río. Habitar una cama, llegar a otra vereda, sentarse en una rama, descolgarse cantando de todas la ventanas. Eso puede hacer la muerte. ¿Pero robar la vida?... Robar la vida no puede. No puede concretar esa farsa... porque la vida... la vida es una antorcha que va de mano en mano, de hombre a hombre, de semilla en semilla, una transferencia que no tiene regreso, un infinito viaje hacia el futuro, como una luz que aparta irremediablemente las tinieblas. Hamlet Lima Quintana Pues el poema ocurre en tu cerebro esta meditación de espacio y tiempo sobre el solar desierto de la página se escapa de las leyes geométricas los versos se levantan del papel hay otra coordenada no prevista que quiebra sus dos simples diemnsiones tiene contorno puro delimita espacios ya sin límites de tiempo sucede cada vez que se recuerda que se toma el pael y se relee el arte es una fe hay una rosa cúbica en tu mente la riegas con tu propio pensamiento la perfección exacta que nadie ha de robarte mientras creas. Luis Vicente Mora Cuando suenan suaves vuelo mis manos de melodías envuelvo y mi mente se traslada de nuevo a mundos mágicos de ensueño. Si cierro los ojos las siento saltando traviesas bajo los dedos rebotando a cada tacto mío de la piel rozando su cuerpo. Blancas y negras, altas y bajas sonidos amables de música santa que sale contenta, tras esa mano que manda en las teclas del piano. buho
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