buho |
![]() Para aquellos que busquéis estrellas aquí encontraréis alguna de las mías.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2005.
Cambios. Me he dado cuenta de que mi blog no me acaba de satisfacer. Empecé con él en un momento difícil y ahora es como que le falta algo. Escribía mucho en el tema Sentimientos y en de Poemas de otros, pero según ha ido pasado el tiempo, esos temas los he ido arrinconando para dar paso a mis poemas, relatos y Mi mío. Me apetece mucho separar por temas lo que escribo. La verdad es que el blog de Trini, me ha ayudado a darme cuenta de ello. De tristezas unos, de alegrías otros, de amor y compañía, coplillas, microcuentos.... Un sinfín de temas que engloban todo lo que ella escribe, que pueden ser sus experiencias o no, sus sentires o no, pero que si son su alma. Por supuesto que todo lo que pasa por la criba de mi mente resulta siendo mío, pero fue con el tema de Melilla y la valla en el que me plantee esos cambios. No sé si acabará en buen fin pero necesito esa revolución. El tema Mi mío seguirá de actualidad, pero en Mis poemas y Mis relatos dejaré de escribir para dar paso a otros temas. Van a seguir siendo poemas y relatos, pero cada uno según lo que quiera expresar en ese momento. Todavía tardaré un poquito pero de vez en cuando hay que renovarse y hacer cambios. Como la crisálida que se transforma en mariposa. En aquel viaje tenía un ansia, a pesar de saberlo capaz de realizar en el lugar donde vivía. Quizá era el destino el que, pareciéndole más apropiado, se prestaba a sus anhelos. Cuando llegaron, empezó a degustar ricos albariños y empanadas de zamburiñas. Fue después del fabuloso paseo por Las Cies, cuando en un pequeño restaurante de Bayona, se deleitó ante una bandeja repleta de langostinos. A los bigotones les acompañaban elegantes cigalas apoyadas sobre carnosos mejillones que escapaban del ácido limón con el que habían bañado las ostras. -Ya tienes esos ojos- le decía él. Ella le miraba divertida sabiendo a qué se refería. Siempre que había algo que se saliera fuera de lo normal le brillaban los ojitos igual que a los mapaches cuando roban algo. Comieron hasta hartarse y como él tenía que conducir el regreso hasta la casita, ella bebió un poco más de la cuenta. A la mañana siguiente arrancaron hasta Vigo donde caprichosamente, en la calle denominada La Piedra, abrían ostras ancianas señoras. Otra vez le hicieron chiribitas los ojos, y no paró hasta que consiguió sentarse ante media docena de babosinas. Nuevamente se acercó un albariño a la mesa, junto a un arroz a la marinera, un trozo de rodaballo y una enorme bandeja de pimientos de Padrón, que como cuenta la tradición, “unos pican y otros no”. A ella no le gustaba el picante, pero viendo como él comía sin problemas se decidió a probar uno. -¡No pica! Y confiada, cogió otro y otro, y otro más. Hasta que sucedió... Al introducir uno de aquellos pequeñines se asemejó la boca bañada en un ácido que hacía arder todo en derredor. La lengua salía y entraba deseando respirar nueva calidez pero era imposible, la comezón era terrible. Pan y agua solucionaron el problema pero la inquieta salsas se atrevió con otro verdor. Terminaron riendo y llorando a la vez, mirándose mientras a uno le picaba más que a otro, los ojos empañados y revueltos entre agua, paladares revoltosos y miga de pan. Aquella tarde habían quedado con unos amigos que se mostraron dispuestos a enseñarles pequeños retazos de Pontevedra. Les llevaron a visitar el balneario de Mondariz, donde se acercaron al oloroso manantial. Ya hacía una hora que el estómago de ella había comenzado a explayarse con un delicioso revoltijo de sensaciones a las que se le unió un vaso de agua sulfurosa de la borboteante fuente. A la mañana siguiente, antes de que dieran las ocho, su trasero se apoyaba en una esquina del baño, recordando el poema que había escrito antes de comenzar las vacaciones: "Que me entren retortijones de comer tanto marisco". Bueno, al marisco, le añadió las ostras, los pimientos y el agua repugnante de Mondariz. Dos días a suero y agua, hasta que se animó a comer una tortilla francesa. Pero hay que pensar.....Sarna con gusto no pica, pero mortifica. Llevaba años observándola sin terminar de saber cómo acercarse. Aquella noche aprovechó el ímpetu de Eolo y consiguió acariciar a su amada. Por la mañana, el sol alumbró dos verdes regaderas cuyos cuerpos descansaban en la balconada. Un columpio, máxima expresión Un día llegará Aquí estaré Arrebatado el verano llenó De eternidad hojas estrelladas ¿Cómo pintar un trueno? ¿Cómo definir un sonido? Borboteo, angustia, celo ¿Pintarlo? Audaz. Frío. La escarcha ha teñido los colores. Por la mañana, al amanecer, parece que ha nevado. Los coches han ido a la peluquería, al dos se diría que les han cortado el pelo. En el techo una blanca superficie les corona, como de terciopelo, elevándose en sutiles aristas al cielo. Al acariciarlas se parten minúsculas estalagmitas, que se terminan deshaciéndose con el discurrir del día. El discontinuo suelo acopló sus baches a la horizontalidad cubriéndolos de agua cuyo tacto con el aire ha sufrido curioso cambios. En una esquina del charco, el pie pisa al crujiente bajo cero introduciéndose un incorpóreo bajo su ente formándose un cuerpo al instante. Ella, la burbuja, se pasea entre masas líquidas atravesando su campo de recreo. Ha sido creada más cuando caliente el sol desaparecerá en la nada de lo etéreo, de lo voluble. Mientras tanto aprovecha su presencia para jugar traviesa, y excitada conforma su vida en los breves. El tiempo que le queda, se acomoda observando al sol que va fundiendo a su creador y agradecida expira en un suspiro dejándose llevar por el viento. Le miró a los ojos. Le dió un beso en la mejilla y el pequeño le acarició el rostro mientras ella cerraba los ojos llevándose la dulce caricia a lo más profundo de su ser. Cuando la vida decida darte un revoltijo Llévalo a tu casa Y en Navidad, en lo más alto del pino FELIZ NAVIDAD A TODOS Ha pasado el día de Navidad, ha venido el Olentzero y después de abrir los regalos me he percatado de que no había pedido nada de lo que contenían los paquetes. Es más, no había pedido nada. Ni un detalle siquiera. Me he desvivido por hacer los regalos a los demás, corriendo de un lado a otro, pillada de tiempo y ha sido después de pasar todo el trajín cuando me doy cuenta de que por primera vez en la vida no he deseado nada para mí este día. Ni siquiera me he planteado, quiero esto o lo otro... Extraño... No acierto a averiguar por qué. |