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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2005.
 A veces, me da la sensación de encontrarme entre un campo de blancas flores y, justo a mis pies, un precipicio. Es muy hermoso estar sentada en el verde, jugueteando con mariposas y flores, pero sé que he de mirar al fondo del abismo donde quizá me espetra una negrura tan inquietante que asusta. Veo la verdad con tanta realidad que en ocasiones quiero negarla. Me doy cuenta de que nada es gratuito, de que todo tiene un por qué y un significado. Y sé que he de saltar porque al final, cuando lo haga, saldré volando porque sólo así lograré ser QUIEN SOY.  Partiendo del muro. Rompiendo barreras tus ramas de la tierra. Arrancas cemento y emerges del suelo. Fuerte, ya asoman yemas de tus dedos. No te acobardas. Duermes y reposas para brillar con más intensidad. Cuando llegue la primavera, volverán tus hojas a ser asediadas por el viento. Viento, vida. Barreras, impedimentos. Todo necesita su tranquilidad para despuntar y su sendero para recalar en descanso. Invierno, pero no en el corazón.  El lector puede presumir una libertad de la que carece quien escribe. El lector es voluntad. La escritura, manifestación: exige pasividad. No elijo lo que escribo. Roberto A. Cabrera Vinieron los cacos a casa. Reventaron la cerradura y se llevaron algunas cosas. Lo que guindaron fue lo de menos. Tres sensaciones: dos malas y una buena. -Mientras a un lado de la cama mi pareja recogía su ropa interior, yo recogía la mía. Sentir que alguien desconocido ha buceado en nuestras intimidades, en nuestra vida sin darle permiso para entrar me sobrecoge. -Ibon se ha despertado cinco veces. Pidiendo agua, mear, un muñeco, que le dejase la luz encendida.... La situación le ha creado inseguridad, espero que en pocos días se le pase. -Me han hecho una pregunta que me ha dado qué pensar: ¿si esto te hubiese pasado hace un año, como lo hubieses llevado? Mi respuesta también me ha dado qué pensar: Lo hubiese pasado fatal, me hubiese compadecido una y otra vez. Y ahora, pues lo dejo estar. Me ha pasado y punto. Rabia no me falta pero lo acepto. Me alegra esta manera de verlo.  La mariposa diurna vuela en la noche. Vuelo detenido en el blanco. Belleza de lo que tal vez es danza para la muerte. Quietud del albor sobre el suelo. Muerte. De súbito, un temblor y un vuelo a otra parte, al borde de una despedida, un nuevo nacimiento. Roberto A. Cabrera Sobre la tarde naranja el sol se retira anuncia a la noche que se aproxima, los juncos acaramelados por el viento reflejan reflejos mecidos al viento. Y mis pies recorren la mirada de mis ojos y mis ojos la dulce venida del agua del agua que corre, del agua mansa del agua que se riza acaracolada. Vulnerable, pero no frágil transcurre mi vida, mi lucha porque hablo, porque me muestro y si lo utilizan para luego. ¡Qué le voy a hacer! Yo me expongo.  Hoy he pasado junto a una frutería. Me he quedado mirando las verduras. Y lo que se me ha pasado por la cabeza... No podía, no podía. Si lo hago el tendero me echa los perros. Me gustaría tocar todas las verduras, las frutas; apreciar el tacto rugoso de las manzanas reinetas y el suave de las golden, sobar las naranjas, olerlas, meterme dentro de su color y bucear dentro de un mundo naranja, esconderme dentro de las hojas de la lechuga y jugar a que me encuentren los bichitos. Endulzarme con el sabor de los plátanos y comerme las pepitas de los calabacines, coger los tomates, abrirlos, echarles una pizca de sal y comérmelos también y meter los dedos entre los pimientos y acariciar su deliciosa textura, darle vueltas a los racimos de uvas y ponérmelos de sombrero. Pero nada, que el tendero... Así que como la mayoría de las veces que quiero pero no puedo, acaricio todos los árboles que encuentro, me siento en la hierba y dejo que el viento me roce la cara, y me lleva a donde yo quiero, a soñar y a relajarme. Genial.  No quiero ser flor ni tallo, ni hoja. Quiero ser raiz. Carmen Vicente del libro De Puertas Adentro "Aprender a renunciar a lo que no se tiene." Frase extraída del libro La sombra del pájaro lira de Andrés Ibañez. Cuando leí esta frase pensé por un momento que era muy hermosa, más era el significado lo que me aturdía. Son sueños los que se cree tener son sueños que en realidad no son. Son posibles si yo me implico y si sólo yo necesito para cumplirlos. En eso se concentran a los que yo y sólo yo puedo.  La esencia de lo impredecible, lo sublime de lo incorpóreo que acaricia la mente cuyo sueño de sueños descubro cada día. En la cumbre de lo eterno, yo, deseo vivirme.  Lo miro pero sin pasear por su superficie no nutre sino adorna. Brillante sin grises no suspira sin el roce de unas manos; blanco y negro hundiéndose en sus entrañas envuelve anhelos cumplidos acoplando encuentros.  Sobre la arena pisadas albas reverberan sonidos de crujientes mañanas. Y entre saltos y risas descargan estrellas irrepetibles en cadenciosa caída su blanca presencia.  Tenía cara triste y sus ojitos estaban fijos mientras su inquieto no cesaba de moverse. A intervalos, al compás de los movimientos de su dueño se detenía a descansar, esperando ser espectáculo de nuevo. La gente se arremolinaba a su alrededor expectante de ver lo que iba a suceder, dejando volar la imaginación cuyo alma está deseoso de vislumbrar la acción. Era un monito vestido de estreno el que está vez llamó mi atención, una pequeña marioneta que jugueteaba entre los jardines del ayuntamiento. El que la portaba, la manejaba con destreza consiguiendo que los que nos agrupábamos junto a ellos, abriésemos más el círculo. Venía el monito y rozaba el pie de uno y a un niño sentado en el suelo parecía buscarle piojos en el pelo. Y así, entre sus caricias, nos mantiene con la ilusión puesta en sus deditos, unos diminutos dedos con las falanges articuladas que despliegan movimientos inexplicables para pertenecer a un muñeco. Como si quisiera en su no vida, crear inexistencias, experiencias, ciertas pero inapropiadas porque al fin y al cabo, él no vive. Su dueño destapa un diminuto piano de cola y coloca ante él al monito, que acariciando con ternura las teclas se sienta y toca. Días después acudí a un concierto de piano. Las hermanas Katia y Marielle Labèque como intérpretes. Sonidos de Claude Debussy, Igor Stravinsky y Leonard Bernstein llenaron el auditorio de hermosa música. Una frente a la otra desplegaban su arte y saber, cada una en su estilo: Marielle, tranquila, deslizaba sus dedos sobre las blancas y negras en armonía, en sintonía; Katia era un torbellino de pasión que parecía por momentos flotar en el impávido aire del local. Su cuerpo brincaba con fuerza, con intensidad, acompañando la melodía, incansable, resoplando, exultante de belleza. Allí sentada, escuchándolas, vino a mi mente la imagen del monito, de la marioneta que en algún momento todos somos, porque como marionetas nos movemos por obtener la aprobación de los demás. Y cuando al final decides SER, te tachan de raro, chalado o insociable, cuando en realidad es la persona más sociable del mundo, la que más da y también la que más recibe, para lo bueno y para lo malo.  Soñaba que, hecha una bolita, mi espalda rozaba tu pecho desnudo. Soñaba que tus brazos me envolvían mientras yo dormía. Soñaba que tu aliento acariciaba mi pelo. Y soñaba, soñaba, soñaba hasta que me desperté. Y tu pecho se apoya en mi espalda, y otras noches mi pecho sobre tí y otras, mi cabeza reposa sobre tu hombro mientras entrelazas mis piernas entre las tuyas, cuando antes.... Al cambiar por mí, he descubierto todo lo que me amas.
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