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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2005.
 Cuando las gaviotas cambian su destino, que es el mar, y vuelven las alas hacia los basureros del interior, construyen, sin saberlo, la más penosa antimetáfora del Mediterráneo. Rafael Pérez Estrada Era un ser maravilloso injertado en un árbol, una pieza tan perfecta de fisiología y botánica que su corazón palpitaba en el tronco del árbol, un crecido palo del Brasil. Lo más interesante de este muchacho eran sus frutos, verdaderas estrellas que se desprendían en vilanos luminosos huyendo hacia lo azul. El único inconveniente de esta criatura era la necesidad de permanecer fijo en el mismo sitio. "Un árbol ata mucho", se quejaba a veces. Rafael Pérez Estrada Abrir por la mañana la ventana, dejando al aire fresco rozar la piel adormecida. Desayunar un vaso de leche fría, despertando la garganta dormida. Escuchar las risas de mis chicos mientras se hacen carantoñas. Divisar la alegría del sol abriendo las puertas al nuevo día. ¿Qué mayor aventura puede haber que la de vivir plenamente la vida?  Recuerdo cuando Ibon nació. Sus primeros días que para mí estuvieron llenos de ternura y desesperación. Ternura enorme al comprobar que contemplaba el pedacito de cielo que se había formado dentro de mí y desperación al escuchar su llanto. Abrazada a él terminábamos llorando los dos. No paraba de llorar, día y noche. Resultó que yo tenía muy poquita leche que darle y el pequeñín pedía de comer sin poder satisfacer su hambre. No sabía que hacer. Unos decían que tenía cólicos y otros pretendían calmarlo con un simple acune. Parecía que todo el mundo sabía más que yo. Después vino la pelea con el puré de verduras, sus continuos catarros, bronquitis, dos veces varicela, tosferina.... Vamos que aprendí poquito a poco a cuidar de un muñeco, porque al fin y al cabo eso era, un muñeco. Comer, cagar, mear, llorar, pelear con sus crisis de tos.... Ahora ya no tengo muñecos, sino una personita que continuamente me pregunta cosas y a la cual tengo que darle lo mejor de mí, y a veces lo peor. Me sorprende muchas veces, con su actitud, con su pequeña madurez (la que corresponde a su edad). Cuando vamos a la playa, sacrifica su bocadillo para poder meterse al agua, pero si decide merendar, se conforma a jugar con el cubo y la pala. Hace poco estuvimos en Port Aventura. Tuvo ocasión de abrazar a Woody y a la Pantera Rosa y estaba alucinado. Le he explicado muchas veces que los dibujos animados son de mentiras, pero a estos muñecos que tenía delante los pudo abrazar. Días después seguía con la cantinela de los muñecos y se me ocurrió decirle que dentro había personas. Se enfadó conmigo y mucho, por cierto. Para él no cabía opción de irrealidad en lo que había visto y sentido. Decidí aparcar el tema. Me da mucha tristeza saber que llegará un momento en el que se entere de que el Olentzero es un personaje de ilusión o que no existen los Reyes Magos. Pero para cada edad hay un tiempo. Y ahora para él, es el tiempo de disfrutar de sus sueños con toda la intensidad que su vida se lo permita. Y yo pienso seguir junto a él, para disfrutar de su linda carita.  El árbol está sólo. Plantado. Uniendo vida con existencia. Brotando de su ente ramas alborotadas de hojas se pregunta: ¿Qué hago aquí? El viento desdibuja su ropaje y le hace pelearse con el revoltijo de verdor. A sus pies, ella parece difrutar de la visión de su frondosidad, de la sombra que proyecta, de las ramas que bailan y vuelan a merced del reinante viento. Pero el árbol no lo entiende... ¿Qué mirará? se pregunta. Miro tu color, escucho el rumor de tus hojas ante el reinante viento, palpo la dureza de tu tronco por cuyo interior las autopistas de la vida trasladan vida a tus ramas.Me das cobijo, sombra, alegría, compañía.DAS VIDA COMPARTIENDO VIDA. Soy un guardador de rebaños. El rebaño es mis pensamientos y todos mis pensamientos son sensaciones. Pienso con los ojos y con los oídos y con las manos y los pies y con la nariz y la boca. Pensar una flor es verla y olerla y comerse una fruta es conocer su sentido. Por eso cuando, en un día de calor, me siento triste de disfrutarlo tanto, y me acuesto estirado en la hierba, y cierro los ojos calientes, siento a todo mi cuerpo acostado en la realidad, sé de verdad y soy feliz. Fernando Pessoa Cogió un cuchillo, fino, largo y con extrema delicadeza laminó el dorado membrillo. Acto seguido arrastró con la minúscula paleta el unte de crema de queso que depositó sobre el suave dulzor al que envolvió como un canuto irguiéndolo después. Con un picado de almendras revuelto en blanca nata rodeó aquel cuerpo que colocado en una superficie azul presentaba un aspecto delicioso. Mientras pensaba que él estaba fregando en la cocina, ella se afanaba con la dichosa plancha como muchas noches pensando cuando harían ropa que no se arrugará. Él se presentó con una cucharilla y la obligó a sentarse. Ella protestó alegando que tenía mucha ropa que planchar, pero se quedó sentada con el cubierto en la mano. Él volvió a la cocina y retornó al salón con el exquisito manjar. Le robó la cucharilla y lentamente empezó a introducirle en la boca la explosiva mezcla de dulce y salado. El plato terminó en el suelo y la ropa por adecentar revuelta entre dos cuerpos más calientes que la plancha encendida.  Asemejando arcos perfectos, delineando deleidades revolotean revoltosas, chivitinas caprichosas. Entre planeo y aleteo, cruzan sonidos y movimientos chiquitinas golondrinas ante la torre de la iglesia.  Me rasgué las entrañas Y metí un cielo dentro, Sin importarme el color, el estado Ni la sensación de posesión. Sentía nubes de tormenta, Rayos y un tronado tambor, El viento aireándose a cada ráfaga Y una irisada mezcla de lluvia y sol. Trayendo increíbles semillas Fue abandonado en la fértil tierra, Granitos, regando el húmedo agua Goteando racimos de ilusión. Y se encontró destellos solares Renovando la hierba y la dulce flor, La flor que trajo el azul cielo Aquella que de mi cuerpo salió.  Andas entre veranos y puertas sin ventajas Entre molinos de quimeras y árboles fuera de uso Lloras porque no adivinas la música de los grandes destinos Y su latido de tierra que se acerca Creces en ocasión como los trenes También aumentas hacia adentro en paseos de fuego Tan dolorosos y entrañables que los ídolos se deshojan Y te será difícil reconstruir tus jardines Cuando aparezca el sol de los hermanos Cuando el aire se acerque renovado Regalando poemas y corazones llenos de hombre Espíritus sin muro capaces de todo viaje. Andas en llamarada y en rito de futuro Bajo estrellas inclinadas al bien Que todo lo comprenden y todo lo perdonan Como rueda y camino como muerto lleno de flores Como alabanza retardada por los vientos Andas entre mares vitalizados por sus propias raíces Por sus sorpresas y sus campanadas en los tuétanos Andas sobre esperanzas que te ahondan el gesto Y te lanzan al porvenir en sonrisa de piedra En una sonrisa que se abre como el vuelo Siempre confiada en su sonido de visita inesperada Su sonido de palabra que tiene otro corazón. Sabes que el mañana es un alba de grandes ojos Que nos salta al encuentro desde su color Tan larga como un cometa bien nutrido Repartiendo alegrías para aclarar la lluvia Por eso sonríes Y has enterrado la tristeza a la salida Y sonríes donde aparece el trébol con todos sus enigmas Y sonríes donde va a morir una lámpara o un violín prematuro Tu sonrisa sonriendo una sonrisa Y sonríes porque el mundo que viene será el mundo del gran sueño Y sonríes y sonríes Y tu sonrisa va volando y abriendo las flores del futuro superado Que tendrán que aprender otro lenguaje Y mantenerse a flote frente al aplauso de los signos entreabiertos. Vicente Huidobro El año pasado fue un poco complicado para mí. Bueno, es algo que ya he comentado varias veces. Principalmente se caracterizaba por un batiburrillo de dudas que nadaban en mi mente. Dudaba por un motivo u otro continuamente. Poco a poco he ido ganando confianza en mí misma y ahora que me siento mejor, he recibido un empujón de cariño. Dudar de uno mismo es complicado, absurdo e incongruente sobre todo porque dudaba de lo que consideraba correcto. Debido a esto me peleaba (esto es lo más difícil de todo) con mi manera de actuar ante determinadas situaciones. Hay muchas cosas que no he contado a nadie, por el qué dirán, por vergüenza, por miedo, por dudas.... He salido adelante haciendo el trabajo sola, con el apoyo de mi pareja, al que sé que muchas veces habré sacado de quicio, pero he terminado, y de eso no tengo duda, completando un crecimiento por mí misma. Hace poco he hablado con mi amiga Charo sobre todo esto. Las dos hemos pasado por malos momentos. El día que murió mi madre estuvo allí, me acompañó, me ayudó. Nos conocemos de toda la vida, sabe muchas intimidades que no cuento a otras personas y nos escuchamos cuando nos hace falta. Por eso, porque me conoce y sabe como soy, escuchar de su boca cosas como "no estabas equivocada" o "no te confundías", me llena de alegría. Gracias Charito, de corazón, por ser mi amiga, por estar ahí cuando me hace falta y no dudes que estoy aquí para lo que necesites. Te quiero Cada nacimiento significa una muerte en pe-que-ñas do-sis. Nace el niño y su respirar le provoca un inconsolable llanto de dolor. Tiene que llorar para comer y chapurrear para ser atendido. Y la separación hacia sus padres el inicio de su camino. Llegará la pubertad con una nueva muerte, la pérdida de un niño que quiere crecer, pero que a la vez desea seguir siendo niño. La búsqueda de uno mismo, la lucha por ser quien es y la dicha o desdicha del convencimiento de que el amor es un cuento de hadas, una ilusión y un mundo de ensueño. Y después vendrán otras muertes, otros duelos, luchas, encuentros, hasta que inexorable, llegue la última, la definitiva, y el polvo retorne a su sitio.  Tener la sensación de no querer escribir nada. De no apetecerme. Nada. Ni lo más mínimo. De redondear el folio y tirarlo a la papelera. Pienso que puede estar provocando la desgana. O las ganas de no escribir. En negativo: ¡Qué rabia ! En positivo: Revuelven la mente otros derroteros que no necesitan el albo papel.
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