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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2005.
 Entre sábanas, sintió el calor del cuerpo que no quería moverse. Era tal la sensación de bienestar que ni un ápice de piel pugnaba por acariciar trozos más tibios de tejido. A pesar de ello se despertó. Toda la tranquilidad que el sueño había depositado se revolvió cual batidora desmadrada. Llevaba días inquieta conociendo el motivo de su malestar. Nada, ni la más mínima y pequeña gana de tomar un lápiz y escribir. Como si la musa hubiera querido tomar unas vacaciones. Sabía que le hacía falta un pequeño poema, un minúsculo relato; crear, dar forma a las sensaciones vividas... Necesidad que su ente solicita constantemente, pide, y que al conseguir, sacia. Hasta que sucedió... El coche, el viaje, detalles que provocan arrebatos de tinta sobre el papel y redondeados movimientos de los ojos al observar la conjunción de palabras enarbolando sonidos y sentimientos. Musitó la musa, hoy, un poema, y mañana una diminuta canción. Musita la musa dichosa.  Durante este viaje a Galicia, hemos visitado un montón de lugares diversos, paisajes naturales y ciudades, mar y monte; hemos comido al aire libre y en restaurantes...en fin, lugares que han provocado situaciones curiosas y divertidas y otras en las que, como es el caso de ésta, me tuve que parar a escuchar lo que personas que no conocía de nada me decían. Visitamos la ciudad fronteriza con Portugal denominada Tui. El casco histórico resultó muy hermoso ante la espléndida visión del río Miño a sus pies, y recorriendo sus estrechas calles llegamos a la magnífica catedral de estilo románico. Cuando accedimos a su interior, en la entrada nos cobraron dos euros a cada uno, a fin de poder recorrer sus naves y pequeñas capillas. Ni me lo planteé, sencillamente no sabía si iba a volver allí y no puse ninguna pega para pagar las monedas que me pedían. Llevaríamos allí cinco minutos cuando dos mujeres se dirigieron a mí, preguntándome si nos habían cobrado dinero para entrar. Ante mi respuesta se indignaron sobremanera, que ellas vivían allí y que aquello les parecía una vergüenza; que incluso entre los vecinos estaban pensando hacer una manifestación.... ......................................... Resulta curioso pensarlo. ¿Cobrar por entrar en una iglesia? ¿Si hubiera dicho que iba a rezar, no me hubieran cobrado? ¿O si digo que vivo en Tui? El hecho es que estamos hablando de un lugar de culto religioso, en el que se supone que deberíamos tener todos las puertas abiertas. ¿Yo por ser turista, no?  Mostrando la luz se torna el mundo extraño, miradas esquivas y raras subyugan relámpagos blancos. A envolver los regalos del cielo se ha de obligar el cuerpo y luchar por hacerse un hueco en este cruel mundo nuestro. ¿Y qué quieres? ¿Y qué quiero? Destiño arcoiris en mis albores pintando sueños y encantos de flores más al afuera, ¿qué he de dar? Decido yo y mi libertad.  Cuando sintió la blanca arena bajo los pies, escribió un nuevo instante de su vida. El gratificante sol deshacía con sus rayos la suave bruma del cálido atardecer, mientras las gaviotas se paseaban curioseando junto a las mochilas y toallas. Se agachó al notar el roce de la piel contra una superficie distinta a la de los albos granitos. Una concha junto a otra, cuyos cuerpos recogió de la playa. El agua, transparente, rompía en la orilla regodeándose ante los visitantes debido a su gelidez. A pesar de ello, introdujo parte de su cuerpo en ella pero el frío le obligó a apartarla de su piel. A veces la belleza hace daño. Esa belleza tan sublime a la que, a sabiendas de serlo, no le importa ser cruel. Nuevamente sobre la arena, rebuscó en sus adentros compañeras para unir a las conchas que ya tenía y aunó esfuerzos, removiendo dunas y pequeños montecitos. Una playa, casi vacía, con la arena tan blanca como la nieve, rodeada de eucaliptos y pinos, de sol y océano; esa con la que ha soñado muchas veces y que por fin pisa. En la mesilla de noche duermen, metidas en una bolsa, un grupito de conchitas y caracolas que cuando quiere acaricia con la esquina de su alma.  Colorines. Son bonitos, agradables, amables y simpáticos. Así hay que vivirlos. Son lo que son. Verdes, rojos, azules, marrones, amarillos, naranjas, violetas se desparraman por la naturaleza. Están por doquier..... Yo me entiendo. Hay que vivir de colorines.  Algodón que la boca ablanda. Saliva húmeda que moja la esponjosa bola. Las manos se untan y asemejan a dos cuerpos juntos sudando que pegajosos suspiran y mesan encuentros de enamorados. Y dulce cual delirio palaciego, va reduciendo su ente rosado, entendido en la garganta, fin eterno durmiendo el caramelo aterciopelado.  Es extraño. Hace tiempo que me doy cuenta de que este blog ha cambiado, que ha evolucionado. Antes no me importaba escribir sobre como me sentía, o sobre los pasos que iba dando en mi vida. Ahora me los guardo para mí y para media docena de personas que comparten mi día a día. No sé si la evolución ha sido positiva o negativa, lo que si es cierto es que mis sentimientos han cambiado mucho. Acepto más a los demás como son, no pretendo cambiarlos, cada uno es como es. El problema que observo es que ese aceptar implica un comportamiento por mi parte que no me gusta. Antes decía las cosas cara a cara, ahora me callo y me guardo muchas de mis opiniones. En el fondo no me agrada hacerlo, pero me he dado cuenta de que esa manera de actuar significa supervivencia. Ese exponerse continuamente lo único que ha hecho ha sido hacerme daño, porque no todos somos iguales ni actuamos de la misma forma. Pero procuro, después, en silencio, retomar todo lo que no he dicho, y recordarlo, y grabarlo a fuego, a hierro para que mi intuición y mi seguridad personal no se vuelvan a ir nunca.  Lóbulos agrupados. Delicias entre espinas. Esferas carnosas anheladas. Morales rebosantes de drupas formando elipsoidales frutas. La boca ansía reventar en su paladar la mágica delicia de su agridulce sabor. Fruta morada, que penetra aterciopelando la lengua, y destiñendo con su color. He ido corriendo a cogerlas y.... toditas todas, me las como yo.  La piel se doblega ante el hielo y en comunión helada somete una pirueta, un salto insiste resolviendo la cuestión el cuerpo. Me vences y no me vences opina con resuello la cuchilla yo me lanzo y aunque me tiras renuevo aires y alargo miras. Ante cientos de flashes, el aire dibuja plateados círculos, cortes, filigranas, envuelven la música sonora que canta, mientras tú danzas.
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