buho |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006.
La naranja caída en el suelo. ¿Esa, cuya simiente ha reventado ¿Cuál? ¿Cuál de las dos? Al final viene la pregunta, El agua que serpentea en el arroyo ¿Acaso eres más que yo? Lectura: ¿Qué es lo que hace Lo peor de todo es que nos lo tragamos. Anunció su llegada Los árboles, enfundados en miles de flores Bolas de mirar transparente Al ras, desde lo bajo observado Metió la marcha atrás. Inició el juego de balancear los pies encima del embrague y el acelerador. Despacio el coche comenzó a moverse pero con un brusco movimiento se detuvo. Arrancó otra vez y de nuevo miró por el espejo. El coche había salido dos metros del estacionamiento en batería para volver a calarse. - Tranquila- le dijo la copiloto.- Punto muerto y arranca. ¡Ostras! ¡Viene un otro coche! Eran las dos de la madrugada y la conductora empezó a ponerse nerviosa. A pesar de llevar varias clases para sacar el carnet de conducir y ya llevar bastante bien el asunto, el tomar entre sus manos un vehículo con gasolina en vez de uno con gasoil le hacía perder los controles sobre sus pies. Consiguió arrancar y logró desplazarlo un metro hacia adelante hasta que se volvió a quedar sin fuelle. - Pero que ¿no pasas? ¡Paleto! El vehículo que esperaba poder seguir su marcha, casi sin sitio, se coló entre el espacio de la parte trasera del coche en cuestión y la acera. A la copiloto le entró un ataque de risa y la conductora se le quedó mirando con cara rara y ante la reacción no pudo sino comenzar a reirse también. - Pero ¿de qué te ríes?- preguntó. - Pues de que le has llamado paleto y aquí la paleta eres tú. Se miraron y no pudieron hacer otra cosa que agarrarse la tripa y reirse a carcajadas. Bajaron la cuesta terciopelos bordados de oro Bajaron pasos sin flores, de Juanes y Marías Tarde de silencio y de corros de sangre Hace poco he visitado con mi familia la ciudad de Baiona. Un par de veces al año no puedo resistir la tentación de pasear por sus calles, comer chocolate y entrar en su catedral. Ha coincidido con la feria del jamón por lo que la plaza donde está enclavado el mercado se convierte en esos días en un lugar de degustación de productos típicos, por decir algunos mermeladas, miel, embutidos y vinos... Pero como la mayoría de las ocasiones la catedral es el colofón a mi visita. No sé que tienen las iglesias que me fascinan. El silencio, la luz, esa luz que se cuela en brillantes colores entre piedras e imágenes... Recorriendo esta pequeña catedral me llamó la atención, entre dos columnas, una alfombra situada entre dos columnas que servía de aposento a una mesa y dos sillas, una a cada lado. El pequeñajo que me acompañaba acostumbrado a que le enseñe todos los escondites también se extrañó preguntándome para que eran aquellas dos sillas. Y ni idea, para que negarlo. Se adelantó un par de pasos y regresó corriendo para decirme que estaban situadas allí para hablar con el cura. Pues sí, dos columnas y otra alfombra con una mesa y dos sillas, acompañaban a un hombre vestido con sotana que estaba sentado leyendo, esperando a que alguien le ofreciera un ratito de charla. ¿O quizá era él, el que la ofrecía a los demás? Hoy has tenido una pesadilla. Y sé porque ha tenido lugar. Hoy me he enfadado contigo porque te comportas como lo que eres: un chiquillo, un niño de seis años al que le queda mucho por vivir. Me duele tener que enfadarme, me dolerá siempre. Es como que un cachito del alma se rompe cada vez que te hago llorar. Pero tienes que aprender que la vida no es un eterno juego, que tienes obligaciones...Las de ahora son aprender a leer y a escribir, después vendrán otras que tú buscarás... Somos los que tenemos que hacer que mientras seas un niño te esfuerces aunque no quieras, porque después ya te encargarás tú si quieres. Lo que más siento es saber que el día de mañana te darás un batacazo y otro, y otro más. Pensaba que la vida era distinta, que podría darte todo lo que yo no tuve, pero después me he dado cuenta de que era una quimera, una mentira.... Mi ayuda, mi eterno amor, mi consuelo, mi compañía... espero que te valgan para sentirte lo que tú quieras ser, porque el tipo de persona a desarrollar lo elegirás tú. Sé que tirarás por el suelo conceptos e ideas según pasen los años y espero que algún día no me eches en cara no haber sido la madre que esperabas, pero tengo que prepararme para ello, porque puede suceder. Lo que intento todos los días es que creas en tí, por encima de todo, ya que sé que es lo único que te va a hacer fuerte ante los baches que te encuentres en la vida. No puedo tenerte metido en una urna de cristal. Ahora que veo la vida distinta...Siento enormemente lo que vas a tener que luchar y pelear por abrirte camino, porque nadie te va a dar nada gratis, nadie... Siento que la vida no es fácil y no me arrepiento de tenerte a mi lado, pero si lamento que no vayas a tener lo que ansiaba que podría haber para tí. LO SIENTO Castillo Les Milandes en la región de Aquitania en Francia La fue llenando de líquido, sin descanso. Gota a gota caía agua sobre la tierra que la sostenía. Una tras otra, transparencias discurrían entre las raíces. Empapada, se preguntaba porque hasta entonces no la habían ayudado a crecer. Empezó a despertar ante tanta sustancia que iba cayendo. Ella, que se encontraba en el suelo comenzó a trepar entre huecos y piedra fría. Desnuda y verde, se fue uniendo junto a otras compañeras formando deliciosos revoltijos de enmarañadas hojas. Creció y continuó ascendiendo sujetándose en entrantes sin observar la caída que podía tener lugar. Subió hasta que la encontró y agradecida de todo el maná obtenido la rodeó con su clorofila para que se sintiera protegida. Pero sucedió que la gárgola se mostró inanimada cual piedra y a pesar de la insistencia de la hiedra, no respondió. Al no hacerlo, las pequeñas hojas decidieron continuar su camino y con esfuerzo, aunque ya no tenían el sustento del agua que brotaba de las entrañas del animal de roca, siguió buscando recovecos en los que apoyarse para seguir creciendo. Viendo lo que acontecía, la gárgola se sintió dolida en su orgullo y empezó a escupir veneno para hacer daño a la enredadera. Una y otra vez, destiló daño y rencor hacia la planta que sólo quería ya ser feliz con lo que tenía. Una gota y otra, y otra y otra... A pesar de sentir dolor por dentro, la clorofila redondeó la fachada de un deslumbrante verde. Pensaba que aunque la gárgola le hubiera dañado, la recompensa de haber llegado hasta allí arriba y poder alternar con el azul cielo era suficiente y que a pesar de ello la seguiría rodeando con sus ramitas y hojas aunque no terminase de ver un signo de disculpa por lo sucedido. No acertaba a comprender porque le molestaba tanto que ella se encontrase bien. Y por desgracia en su corazón comenzaron a morir pequeños brotes de alegría, de espontaneidad, de confianza... hacia aquel ser. Un día, por sorpresa, unos ojos se giraron hacia la hiedra. Unos ojos que le dijeron que sentían mucho haberle hecho daño y todo lo que durante un tiempo fue orgullo, se convirtió en dignidad y en reconocimiento. Espontaneidad, alegría, confianza...No sabe si algún día la recuperará. Cayó la semilla en cualquier sitio Y de aquel palo salieron verdes Espinosas ramas en hojas cubiertas Astenia dicen que aparece en estas fechas Aparece adrenalina que se expande cual agua La sujeto relegada, para abandonarme en otros brazos |