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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2006.
Y la hierba rebosa de blancas margaritas, Renueva su ente la vida llena Sin rima, sin medida este poema Hace frío. No llueve. El viento se quiere colar bajo de la ropa, pero con una capa tras otra, el cuerpo se halla tan abrigado que ríe a Eolo las carantoñas que desea hacerle. Es temprano y el trabajo obliga a atravesar calles congeladoras, en busca de pequeños recovecos donde guarecerse. Los autobuses escolares se han dirigido a sus puntos de destino, cargados de niños somnolientos que ansiarían más un trocito de sábana tibia antes que el traqueteo del vehículo que les transporta. Un aviso mañanero despierta la mente todavía medio dormida. - Hay un atasco en la calle Eskalantegi. Un camión a la altura del puente. No puede pasar.- reza una voz en off. Hacia allí se dirigen los pies, esperando encontrarse conductores en música de bocinazos y mal genio, voces chillando y paciencia desquiciada. Al realizar el giro, en la calle susodicha se recibe silencio y un asfalto liberado de circulación. En un costado un camión con las puertas traseras abiertas, mientras le vacían de su carga. - No hay problemas, la calle está limpia.- piensa dando la media vuelta. Reclaman su atención. El hombre que está trasladando muebles del camión a un almacén quiere comentarle algo. - He llamado yo. Quería hablar con algun guardia. He tenido que poner el camión en medio de la calzada para poder descargar y he organizado un lío monumental, no veas el atasco que se ha originado - dice al agente. - Ya, pero ahora ya no hay problemas, así que nada - recibe en respuesta. - Sí, pero yo quiero que me pongas una multa - replica. -¿Qué? ¿Qué has dicho? ¿Qué te ponga una multa? El guardia no se cree lo que está escuchando. Un conductor pidiéndole que le coloque una multa. Bueno, sus razones tendrá y buenas serán, seguro, pero....¡una multa! Le explica que viene desde Albacete y que está harto de entrar en esa calle y no tener sitio para estacionar el vehículo para poder descargar. Así que quiere la multa para presionar a su jefe, a ver si por lo menos le envía con un camión más pequeño allí. Además reitera que él ha incumplido la reglamentación habiendo estacionado en el centro de la calzada. - Quiero la multa, aunque tenga que pagarla yo. El agente divertido extiende la denuncia como si de una receta del médico se tratará y piensa: - ¡En la vida seguro que no me vuelve a pasar esto! ¡Pedir que ponga una multa! ¡Increíble! Seguro de uno mismo, pensamos constantes. ¿De qué vivimos? Una oferta, un vuelo más barato de lo normal que ofrecía viajar a Sevilla. Nos lo planteamos y sin pensarlo demasiado, nos decidimos: Una escapada a conocer una ciudad que nos aproximaba a la cultura almohade, arte cuyo molde no habían captado todavía mis ojos. Palmeras, estrechas calles entre las que viven hermosos patios llenos de plantas y flores, calor, río Guadalquivir bordeando sus orillas.... Según tenga tiempo iré terminando de paladear un corto viaje que me ha sabido a pescadito frito, naranjas y encajes, pero sobre todo a amistades encontradas, que durante más de un año han adornado los comentarios de mi blog. Iba a Sevilla y tenía la oportunidad de conocer a una de las blogeras que post tras post hacen que siga teniendo ganas de escribir, que según le expliqué, en ocasiones pierdo. Alegría ante todo, por el hecho de que quien apenas te conoce, se desplace desde su pueblo para tomar un café contigo; una charla animada entre dos mujeres que han vivido una vida, cada una en su estilo; la verdad es que aunque estábamos más personas (una hermana suya y mi familia), nos centramos a hablar de nuestras pequeñas inquietudes dejando a un lado recelos. Además me llevé un regalo recibido de sus manos que descansará entre mis libros, una vez lo haya leído... Un agradable momento que espero se repita con su visita algun día a mi tierra. Te mando este poema que espero que te guste y si no es de tu agrado, por lo menos sepas que está hecho con mucho cariño. Un beso muy grande y un abrazo como el que nos dimos. TRINI Soñaba amores, que ahogaba tras trabajo Dijo adios al trabajo Entre cuadernos y pensamientos Imaginas. Un árbol quiero ser, pero, ¿cómo serlo? Se sentaron a la mesa. Había pedido queso cuyo cuerpo servido en una pequeña cazuelita de barro. Borboteaba dentro del redondo recipiente. Tomó un colín de pan, lo untó con cuidado en el blando alimento y tras darle tres o cuatro vueltas a fin de que no se cayerá, se lo ofreció. Ante su mirada, se dió cuenta de lo que quería y golosa, lo mordió mientras mantenía sus ojos en su dirección. Los acompañantes no se enteraron de nada, y la velada continuó en animada charla. Sólo cuando se encontraron en la habitación del hotel dieron rienda suelta a sus instintos. Haces. Y no haces. Te das cuenta de las razones de uno y de otro. Haces lo que te dicta la razón y no lo que te dice el corazón. Y te das la vuelta. Y quizá piensas que no haces nada, pero estás haciendo demasiado, porque le das vueltas todos los días a lo mismo. Pasan los meses, los años y sigues dándole vueltas a lo mismo. Lo que pasa que ahora lo haces en silencio y sin esperar que se solucionen los batiburrillos que te rondan en la cabeza. Pero ahí siguen girando, constantes; es como que ya se han acostumbrado a estar ahí, sin pena ni gloria. Y te autoconvences de que la razón tiene que tener más poder que el corazón, aunque no lo quieras. Lo curioso es que está ganando, y encima te encuentras bien. Sólo algunos días, de vez en cuando, revienta una desazón que te come el alma y piensas: ¡Ya está aquí otra vez esa niña tonta soñando! Y la empujas a la habitación de los sinsabores y se los haces recordar una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.... Y lloras tanto que cuando terminas pasan un par de horas hasta que vuelves a tu ser. Y pasarán los días y volverán de nuevo, para machacarlos otra vez y otra vez y otra vez y otra vez, hasta que se mueran de inanición. Sevilla. ¿Qué diría? Un paseo durante tres días por sus calles, encontrando recovecos y preciosos patios en los que desmadrarme. Desmadrarme en serio. El arte almohade, como ver puntillas, pequeños encajes pegados a las paredes; las paredes, cubiertas de cerámica de infinidad de colores que me desbordaban; las calles repletas de naranjas colgadas de los árboles, la curiosidad de conocer otro ambiente, a otra gente. Y la primavera desbordándose por todos los rincones: En los naranjos, pequeñas bolitas blancas a punto de reventar de azahar, el cielo azul a la orilla del río, la primera amapola de este año para mis ojos en el parque Mª Luisa y la delicia de poder ver un almendro en flor. Mi hijo gritando emocionado cuando vió el cielo de campanas que colgaban sobre su cabeza en lo alto de la Giralda, mi suegra, que vino con nosotros, montando por primera vez en avión asegurando que guardará un recuerdo imborrable de este corto viaje, ver a mi compañero quedarse embelesado mirando los Reales Alcazáres; comprobar como le sale ese chiquillo que todos llevamos dentro cuando ve algo que le emociona, quedar con Trini y con otros amigos. Casi sin planear, de lo mejorcito que guardaré en el recuerdo. Opiniones. Para gustos. Una amiga me ha dicho que la mayoría de las veces, escribo cosas buenas, positivas, que no se veía mi otro lado. Que procuro dar al afuera una imagen alegre y divertida, que no corresponde a veces, con mi estado de ánimo. Las escribo, eso sin dudarlo, pero prefiero guardarlas para mí. No es cuestión de confianza en los demás, porque en este blog he escrito muchas cosas que se acompañaban con mi malestar pero procuro de un tiempo a esta parte no buscar la compasión de nadie. Lo que sucede es que no pretendo que nadie me dore la píldora, que me den cachetitos en la espalda... Seguramente mi actitud hacia la vida que me ha tocado, ha cambiado y veo el futuro con otro aire y con otra ilusión que antes no tenía. Más optimismo, más energía, más conformismo diría que son los cambios que observo y un deshacerse de ideas y conceptos que no me valían para seguir funcionando, para continuar. Reconozco que antes me autocompadecía demasiado de las cosas que me pasaban, pero no hacía nada para salir del agujero en el que me he llegado a encontrar. He logrado salir del blanco y negro que he sido siempre y encontrarme envuelta en un mundo de colorines; no quiere decir que todas las situaciones me agraden, pero las tolero y las observo desde otro punto de vista que antes no utilizaba. No quiere decir que no pida ayuda cuando lo necesito, pero antes de hacerlo, sé que tengo que tener muy claro mi enfoque y que es lo que me hace sentir mal. No tengo la razón absoluta, pero es mi razón y tengo claro que mi perspectiva viene después de años de camino. Lo que a mí me puede desagradar, a otros les puede parecer una tontería. Si mi blog o mis poemas y escritos no expresan suficientemente lo que pasa por mi mente, es mi decisión hacer que así sea. Más reflexiva, excepto cuando me tocan la moral, tema sobre el que todavía trabajo (soy demasiado impulsiva), más consciente de que en la vida se pueden tomar caminos opuestos, fáciles y difíciles, y de que he escogido el que más tarea me va a dar. Pensar un "siento o no" mi actual actitud, depende del día y del momento. No puedo afirmar, hoy y ahora, que no vaya a escribir sobre una situación que me sobrepase o que no vaya a buscar una palmadita en la espalda pero procuró no hacerlo. Y podría, sin estrujarme demasiado la cabeza.... Pero este es mi camino. Engalanarse querían, Concentraron sus cuerpos en aromas calientes Cerrados los ojos,soñó el hombre Continuó la estructura de tierna cerámica De alma, convirtieron un palacio eterno Perspectiva desde el aire. Nueva, distinta en sin fín de formas. Desde el aire los paisajes se ven pequeños, pero no pierden su especial atractivo. Montes, lagos, ríos, caminos.... Lo que antes se recorría en horas de coche, lo abarca la punta de mis dedos en un momento, en un instante. ¡Y es tan díscolo! Las nubes, las ves desde un punto de vista que, sin duda, hace divertirse a la fantasía de la mente. Desde abajo, estás deseando que se abran para que te dejen ver el color del cielo, a veces, se dibujan amenazantes y otras en animados corderos y serpentinas retozan...Siempre mágicas. Pero ahora estoy encima, y yo juego ahora traviesa en cortarlas como si tuviera un cuchillo y ellas revoltosas, me tapan un montecillo y después otras cosas. Bajaría del avión, del azul cielo en el que me hallo y me apoyaría en los suaves algodones ahí abajo y jugaría a esconderme mientras no sé dónde apoyar la mano, que se desplazaría con miedo, temerosa de un mal paso. Más no juego, no, allí me apoyo en el asiento mirando por un agujero que me ofrece las nubes, los montes y el intenso cielo..... |